Por Diego DĆaz MartĆn, Presidente de VITALIS
Recientemente hemos redescubierto el pandƩmico peligro del Dengue, una enfermedad cuyo efectivo control depende en gran medida del entendimiento de sus dimensiones ambientales.
De acuerdo con el Ćŗltimo boletĆn de alerta del Ministerio de Salud y Desarrollo Social, en Venezuela se han registrado mĆ”s de 20.532 casos, cifra que excede en 9.877 reportes las estadĆsticas del pasado aƱo para esta misma fecha.
Los datos actualizados hasta la semana 30 del aƱo 2001, reflejan algunos detalles interesantes a ser evaluados. Por ejemplo, se han incrementado dramĆ”ticamente las cifras para el Distrito Metropolitano, Aragua, Barinas, BolĆvar, GuĆ”rico, Lara, Miranda, Nueva Esparta, TĆ”chira y Trujillo. Por su parte, Apure y Zulia lograron un importante descenso.
¿A qué se deben tales diferencias?. ¿SerÔ que hemos descuidado nuestros esfuerzos de prevención, fumigación y control de vectores? ¿Estaremos realizando lo necesario para educar las comunidades y disminuir los riesgos ocasionados por la proliferación de los mosquitos transmisores de la enfermedad?.
Probablemente no tengamos todas las respuestas, pero de algo si estamos seguros… quizĆ” no estamos manejando bien la enfermedad.
Por donde se le mire, el Dengue es un problema grave para Venezuela, mĆ”s allĆ” de lo sanitario que de por sĆ es suficientemente importante. Por ejemplo, desde el punto de vista económico, esta enfermedad afecta la productividad de los trabajadores y las empresas. Solo para Venezuela, su incidencia podrĆa ser cuantificada en al menos mil doscientos setenta millones de bolĆvares por concepto de salarios.
A nivel mundial, al menos 2.500 millones de personas estÔn en riesgo de contraer la enfermedad, y el único método disponible en la actualidad para prevenirla es controlando la presencia del mosquito en el Ômbito familiar, el cual prefiere las aguas blancas, y permanece en un Ôrea no mayor a los 100 metros de distancia de las casas, con lo cual estamos en presencia de un vector eminentemente doméstico.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, las medidas para mitigar la enfermedad comprenden fundamentalmente la educación ambiental y sanitaria, que incluya la destrucción de los criaderos, la protección contra la picadura de los insectos y el monitoreo de la cantidad de mosquitos existentes en una determinada localidad.
QuizĆ” sea necesario prestar mĆ”s atención a aquel viejo refrĆ”n que dice “mĆ”s vale prevenir que lamentar” dedicando un presupuesto justo para mantener un equipo tĆ©cnico que actuando con suficiente antelación, y evaluando la enfermedad en un contexto eminentemente ambiental, disminuya los riesgos de propagación de la enfermedad, sensibilizando, informando y formando a la colectividad en torno a los mecanismos disponibles para evitar ser infectado.
Resulta impostergable que los gobiernos regionales y locales, en coordinación con el ejecutivo nacional, amplĆen sus estrategias de acción durante la temporada de sequĆa, de forma tal de prevenir las consecuencias y no sólo unir esfuerzos en la emergencia durante la Ć©poca de lluvias. Se requieren campaƱas permanentes de concienciación, con el apoyo de los medios de comunicación social y la empresa privada, para evitar males mayores y minimizar los obstĆ”culos hacia un desarrollo armónico.
MÔs allÔ de lo sanitario, el Dengue debe ser visto en su dimensión ambiental. Asà podremos actuar con mayor efectividad y eficiencia.






