(*) Por Enrique Martínez
El pasado 20 de septiembre se celebraron jornadas de limpieza y clasificación de residuos sólidos en las costas venezolanas, en conmemoración del Día Mundial de las Playas. Estas actividades contribuyeron a la renovación de litorales más limpios y atractivos, que invitan a la visita turística en armonía con un entorno saludable. Acciones como estas nos motivan a reflexionar sobre el estado integral de las aguas que bañan nuestras costas, las cuales son disfrutadas para el esparcimiento y constituyen fuente de sustento para pescadores y recolectores de frutos del mar.
Si bien se han realizado importantes esfuerzos para mantener las playas libres de desechos, es fundamental avanzar aún más en la protección de nuestros espacios acuáticos, que reciben impactos variados como descargas directas de aguas residuales, escorrentías agrícolas, derrames accidentales de hidrocarburos, así como residuos sólidos y microplásticos. Este panorama subraya la oportunidad de fortalecer iniciativas que promuevan la salud pública y el equilibrio de los ecosistemas marinos mediante soluciones integrales y sostenibles.
Ante los retos particulares que enfrentan las zonas costeras, donde la disponibilidad de agua es limitada en comparación con otras regiones del país, se abren oportunidades para implementar soluciones innovadoras y adaptadas, incluyendo sistemas más eficientes y amigables con el ambiente. Estas iniciativas pueden complementar y fortalecer el acceso al agua potable y saneamiento, pilares esenciales para el bienestar urbano y rural.
En este contexto, valorar el agua residual como un recurso con potencial para distintos usos —como el turismo sostenible o la agricultura— abre una ventana para convertir los desafíos ambientales en proyectos de desarrollo y conservación. Además, frente a los impactos del cambio climático que afectan la disponibilidad hídrica, es aún más relevante promover el uso responsable y la innovación tecnológica para garantizar el agua que requieren las comunidades y los ecosistemas.
El camino hacia un futuro saludable y sostenible pasa por el trabajo conjunto entre sociedad, autoridades y organizaciones, impulsando mejoras en el tratamiento y cuidado del agua. Desde la adopción de tecnologías adaptadas hasta la formación de conciencia ciudadana sobre la importancia de este recurso vital, cada acción se suma a un esfuerzo colectivo.
Así, podremos disfrutar plenamente de nuestras costas, conservar la biodiversidad marina y construir un bienestar duradero para las generaciones que vienen, transformando el desafío ambiental en una oportunidad para el desarrollo y el compromiso colectivo.
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(*) Biólogo con maestría en Ecología, especializado en estudios ambientales y manejo de recursos naturales, con sólida experiencia en investigación aplicada y proyectos de conservación. Actualmente asociado al Proyecto “Nuestras Costas, Nuestro Futuro”. Contacto: emartinez@vitalis.net
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(*) Por Gustavo Zúar
Cuando se habla de Semana Santa, se piensa en procesiones solemnes, pasos barrocos, incienso flotando entre los rezos y miles de fieles caminando en devoción.
Pero debajo de ese velo sacro, también se esconde otra realidad: una nube de residuos que no se ve, no se confiesa, pero sí se queda.
Mientras los focos suelen apuntar a los destinos turísticos saturados y los plásticos que deja el turismo masivo, hay una contaminación más silenciosa que también merece penitencia: los desechos generados por las propias celebraciones eucarísticas.
Y si bien nadie lleva la cuenta oficial de cuántos vasos de unicel, botellas de agua o envoltorios de velas se utilizan en nombre de la fe, el impacto existe. Y pesa.
México: la fe en envases desechables
En muchas ciudades y pueblos de México, la Semana Santa es un acto de comunión comunitaria. Desde las celebraciones del Jueves Santo hasta la representación del Viacrucis el Viernes, las parroquias ofrecen agua bendita embotellada, panecillos en bolsas plásticas y, en algunos casos, hasta folletos litúrgicos impresos por millares, para una sola lectura. El uso de veladoras desechables se dispara, y las calles amanecen cubiertas de cera y residuos. Aunque la religiosidad popular tiene un alma viva y generosa, su huella ecológica aún no entra al confesionario.
Venezuela: devoción con sabor a improvisación
En Venezuela, la Semana Santa es vivida con una intensidad emocional que mezcla lo religioso con lo familiar y lo improvisado. Las misas al aire libre, tan comunes por la falta de infraestructuras, generan un uso alto de altavoces, cables, bancos de plástico y hasta toldos que rara vez se reutilizan. Las parroquias, muchas veces sin recursos, optan por lo más económico, que también suele ser lo menos sostenible. La contaminación aquí no es por exceso, sino por precariedad.
España: solemnidad empaquetada
Las procesiones en España son un espectáculo de logística. Desde Sevilla hasta Zamora, miles de cofrades y asistentes transforman las calles en escenarios litúrgicos. A pesar de que muchas hermandades han modernizado sus sistemas, el uso masivo de cirios, papel picado, flores de corta vida y plásticos en servicios auxiliares sigue dejando su marca. A diferencia de México o Venezuela, donde lo informal predomina, en España la contaminación está más sistematizada, institucionalizada… y por tanto, menos visible.
¿Quién contamina más?
Si habláramos de emisiones emocionales, todos empatarían en fervor. Pero si nos centramos en los residuos físicos derivados exclusivamente de las celebraciones religiosas, España llevaría la delantera en volumen y escala, México en diversidad de materiales contaminantes, y Venezuela en dificultad para gestionar lo poco que genera.
Lo sagrado no debería ser desechable
Las misas no contaminan, pero sus hábitos sí. ¿Podríamos imaginar una Semana Santa sin vasos de unicel, sin veladoras de plástico, sin imprimir cada oración?
Sí. Pero para eso hace falta un pequeño milagro: voluntad colectiva.
Porque ser devoto no está reñido con ser consciente. Y quizás, el gesto más espiritual que se pueda hacer esta Semana Santa no esté en cargar una cruz… sino en no dejar huella.
Te invitamos a revisar el artículo “Una vida con menor impacto ambiental” donde podrás ver otra perspectiva de este tema.
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(*) Comunicador experto en desarrollo humano, vincula el bienestar personal con el impacto social. Colabora con iniciativas como Vitalis para fomentar una transformación consciente y sostenible.
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Por Dr. Diego Díaz Martín (*)
La contaminación, en todas sus formas y manifestaciones, se ha convertido en un enemigo furtivo del bienestar humano. Desde los gases tóxicos que emanan de las industrias hasta los desechos plásticos que invaden nuestros océanos, la contaminación socava silenciosamente la salud y el equilibrio de nuestro planeta.
No es simplemente una mancha en el paisaje, un objeto en el agua o el suelo, o una nube en el aire. La contaminación es un flagelo que amenaza la vida en todas sus formas, y no discrimina entre fronteras ni estatus social; sus efectos se sienten en las metrópolis bulliciosas y en las aldeas remotas por igual.

Estudios recientes de diversas organizaciones internacionales, alertan sobre cómo la inhalación de contaminantes atmosféricos no solo empaña nuestros horizontes, sino que también impone un costo desgarrador en nuestras vidas. Por ejemplo, la Organización Mundial de la Salud (OMS), señala que la contaminación del aire es responsable de aproximadamente 7 millones de muertes prematuras cada año, convirtiéndose en la principal causa ambiental de enfermedad y muerte en el mundo.
Por su parte, la Coalición Global por el Clima y un Aire más Limpio, destaca que la contaminación atmosférica está intrínsecamente ligada a una serie de enfermedades devastadoras, desde las infecciones respiratorias agudas hasta las enfermedades crónicas del corazón y los pulmones. Los estudios demuestran que la exposición a largo plazo a contaminantes del aire aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de pulmón, enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares, entre otras afecciones. En entornos urbanos congestionados, donde los niveles de contaminación son especialmente altos, los residentes están expuestos a un mayor riesgo de sufrir problemas de salud relacionados con la calidad del aire.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), la contaminación atmosférica puede producir:
Es importante tener en cuenta que la gravedad de estos problemas de salud puede variar según la cantidad y la duración de la exposición a los contaminantes del aire, así como otros factores individuales y ambientales, y las condiciones particulares de quienes las padecen.

Pero la crisis ambiental no se detiene en el aire que respiramos; también se extiende a las aguas que utilizamos, cuyo tratamiento deficiente, suele ser fuente de enfermedades que representan una carga desproporcionada para las comunidades que carecen de acceso a agua limpia y saneamiento básico.
Según la OMS, alrededor de 2.2 mil millones de personas en todo el mundo carecen de acceso a agua potable segura, y más de 4.2 mil millones no tienen acceso a servicios de saneamiento gestionados de forma segura.
Las enfermedades más comunes producidas por el agua contaminada incluyen:
Es importante destacar que estas enfermedades pueden prevenirse en gran medida con prácticas adecuadas de tratamiento y saneamiento del agua, así como con medidas de higiene personal y pública adecuadas.

Adicional a lo anterior, el uso y abuso de plaguicidas, insecticidas y fertilizantes, representa un enemigo silencioso del bienestar de la humanidad. Aunque estas sustancias químicas pueden aumentar la productividad agrícola y controlar las algunas plagas en los cultivos, su uso indiscriminado conlleva consecuencias devastadoras para la salud humana y el medio ambiente.
La exposición a largo plazo a estos productos químicos está asociada con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades crónicas. Algunas de las más comunes son:
Es importante tener en cuenta que la gravedad de estos efectos puede variar dependiendo del tipo de pesticida, la dosis, la duración de la exposición y la susceptibilidad individual. Por lo tanto, es fundamental adoptar prácticas agrícolas sostenibles y medidas de seguridad adecuadas para minimizar el riesgo de exposición a estos productos químicos nocivos.
Además, la contaminación del suelo y del agua resultante del exceso de plaguicidas y fertilizantes puede afectar los ecosistemas acuáticos, la biodiversidad y la seguridad alimentaria. Esta amenaza invisible requiere una regulación más estricta, prácticas agrícolas más sostenibles y una mayor conciencia pública para mitigar sus impactos negativos en nuestra salud y el medio ambiente.

En un mundo donde la contaminación se ha infiltrado silenciosamente en nuestras vidas, descubrir al enemigo sigiloso que se oculta tras ella es una tarea urgente y vital. La salud de nuestro planeta y la nuestra propia dependen de ello.
El planeta lo exige y nosotros merecemos un ambiente limpio y saludable. Es hora de unir fuerzas, tomar medidas decisivas y preservar el legado de salud y bienestar para las generaciones venideras. Juntos, podemos enfrentar este enemigo sigiloso y crear un futuro más brillante y sostenible para todos.
(*) Diego Díaz Martín es Biólogo, Maestro en Gerencia Ambiental y Doctor en Proyectos de Ingeniería Ambiental y Desarrollo Sostenible. Es presidente y fundador de Vitalis. Académico universitario de diversas casas de estudio en Venezuela, México y Polonia, con más de 30 años de experiencia. Conócelo en LinkedIn
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Por Herlinda Coronado (*)
En la reciente conmemoración de la semana del Medio Ambiente, quisimos aprovechar la oportunidad para escribir un poco acerca del impacto ambiental que tiene el comercio marítimo en nuestra naturaleza, ya que no solo se trata de la contaminación en los océanos, que evidentemente son los más afectados. Estamos hablando también de la contaminación del aire, de las costas, de la pérdida de especies de fauna y flora, tanto marítimas como terrestres, causando en todos ellos daños irreversibles. A esto se suman las terribles consecuencias económicas, que afectan directamente a pueblos o ciudades quienes desarrollan como economía primaria el turismo y/o la pesca.
Dentro de los accidentes más comunes a nivel global, tenemos:
Ejemplo de ellos son el reciente encallamiento del Carguero Ever Given, después de una semana en el Canal de Suez, y los incendios del portacontenedores en el Golfo de Sri Lanka, que afectaron 80 kilómetros del litoral de las costas de ese país, siendo catalogado como el desastre ecológico de mayor relevancia nacional, con el hundimiento de miles de litros de ácido nítrico, así como más de miles de contenedores cargados de materias primas plásticas. Por último, el incendio del buque militar iraní que finalmente se hundió en el Golfo de Omán, cuyas causas aún están siendo investigadas.
El agua, el aire, el suelo, la fauna y la flora, son terriblemente afectados por la contaminación de químicos líquidos (como el ácido nítrico y el petróleo) y sólidos (plásticos, metales y descomposición de cuerpos biológicos, entre otros), sin dejar de mencionar por supuesto las emisiones de CO2 que son incorporadas a la atmósfera producto de los incendios.
Las preguntas que nos plantean estas terribles tragedias son: ¿Qué hacer? ¿Cómo contribuir de manera eficiente al rescate de los diferentes ecosistemas afectados? ¿Son las políticas internacionales lo suficientemente efectivas para castigar a los responsables por los daños ambientales? ¿Son suficientes las campañas en redes sociales y medios de comunicación para activar a la colectividad a tomar acciones que permitan revertir los daños?
Estas interrogantes, y muchísimas más, son las que nos impulsan a participar de forma activa en la creación de contenidos que nos permitan promover, de manera eficiente y efectiva, la importancia de organizarnos como sociedad para exigir a los gobiernos locales, nacionales y organismos internacionales, un incremento en los programas y presupuestos, además de exigir la aplicación de sanciones, que nos lleven a recuperar nuestros océanos del impacto que estos accidentes están causando a los recursos naturales.
¿Nos acompañas a hacerlo posible?
Vitalis ejerce actualmente la presidencia de la Asociación Venezolana del Agua (AveAgua GWP Venezuela) donde puedes encontrar más información sobre este tema
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(*) Ingeniero Forestal de la Universidad de Los Andes, Mérida-Venezuela. Especialista en Transporte y Comercio Internacional y Colaboradora de Vitalis Canadá.
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Por Diego Díaz Martín. PhD (*) @DDiazMartin
Cada 24 de junio se celebra el Día Internacional contra la Contaminación Electromagnética, con la finalidad de centrar la atención internacional en torno a las causas y posibles riesgos derivados de la exposición excesiva a las radiaciones del espectro electromagnético, un enemigo silente que debe ser conocido, estudiado y prevenido.
Denominada por algunos como electrosmog, polución magnética o electropolución, la contaminación electromagnética podría definirse como las emisiones generadas por uno o varios focos electromagnéticos, de una misma fuente o frecuencia, o de distintos orígenes y bandas, cuyos efectos sinérgicos supuestamente representan un riesgo para los seres humanos, al igual que el resto de los seres vivos.
Aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) no afirma ni subestima las consecuencias de este tipo de contaminación (al no contarse con estudios científicos suficientemente concluyentes), son ampliamente reconocidos por diversos autores sus posibles efectos:
Entre las fuentes de contaminación electromagnética se encuentran:
Tomando en consideración el principio de precaución internacional, también llamado de cautela, que respalda la adopción de medidas protectoras ante las sospechas fundadas de que ciertos productos o tecnologías crean un riesgo para la salud pública o el medio ambiente (sin que se cuente todavía con una prueba científica definitiva), seguidamente comparto algunas acciones que podríamos emprender, para disminuir los posibles riesgos de la contaminación electromagnética. Entre ellas:
1. Evita cargar el teléfono móvil o celular encima. Estos equipos están transmitiendo y recibiendo información electrónica constantemente, y ¿sabes que?, ¡sus radiaciones atraviesan permanentemente tu cuerpo!
2. Si tienes el router de WIFI o conexiones WLAN cerca de ti, evita mantenerlas encendidas mientras duermes. De ser posible, mantenla siempre lo más alejado de los lugares de casa en donde pases más tiempo. Desconecta toda la red eléctrica de alrededor de las camas y nunca duermas con la televisión encendida. No te expongas de más a las radiaciones electromagnéticas.
3. Si vives cerca de líneas de transmisión, subestaciones eléctricas y/o radares, asegúrate de proteger tu vivienda de su electromagnetismo. Podrías considerar pinturas de blindaje, textiles protectores, aislantes magnéticos, mallas de blindaje, películas adhesivas y tomas de tierra, entre otros. Consulta a un experto para encontrar la mejor opción.
4. Siempre que sea posible, coloca los electrodomésticos contra paredes que den al exterior. De esta manera, la radiación emanará hacia fuera y evitaremos que la contaminación se quede retenida en las estancias interiores.
5. Desconecta todos los equipos que no están en uso, reduce el uso de aire acondicionado, evita el uso de materiales como moqueta, encimeras y algunos tejidos que también son fuente de estática y/o de radiación electromagnética.
6. Por más cómodo que estés, evita apoyar tu laptop o tablet sobre tus piernas, poner el celular debajo de la almohada, y mucho menos, ponerlo cerca del pecho o de tus órganos sexuales. Estarías creando un bombardeo electrónico innecesario sobre partes muy sensibles.
Con el avance tecnológico, la contaminación electromagnética es un enemigo silente que todos tenemos cerca y que sigue avanzando sin que hagamos nada para detenerla.
Es momento de informarnos, actuar y de evitar sus posibles consecuencias.
(*) El Doctor Diego Díaz Martín es Biólogo, Master en Gerencia Ambiental y Doctor en Proyectos de Ingeniería Ambiental. Es Presidente y Fundador de Vitalis. Síguelo en sus redes sociales para más informaciones como esta: @DDiazMartin
]]>La situación ambiental del reciclaje en Venezuela es incierta, pues no existen políticas gubernamentales ni metas claras a mediano y largo plazo, para lograr la reducción de desechos y reciclaje de materiales, además que las capacidades de las empresas que se dedican al reciclaje son bajas en comparación a la generación de residuos, lo cual ocasiona que muchos proyectos e iniciativas de reciclaje en el país no sean sustentables en el tiempo por falta de mercado.
Aunque para los diversos actores vinculados el problema, son evidentes los beneficios ambientales y socioeconómicos que trae consigo el reciclaje de diferentes tipos de materiales, pensar únicamente en él como una estrategia para disminuir o evitar los impactos de la generación de residuos y desechos es un error.
Para VITALIS, ONG venezolana dedicada a la formación en valores, conocimientos y conductas, cónsonas con la conservación ambiental y el desarrollo sustentable, el Día Mundial del Reciclaje es una buena oportunidad para reflexionar sobre qué hacer con la basura, pensando de manera integral, partiendo de la reducción en la generación de residuos y desechos, siguiendo con la separación de los residuos por su naturaleza, la recuperación de lo que irremediablemente se genere, y la promoción de su reuso o reciclaje.
Hacia una gestión integral, y no parcial
VITALIS considera que la estrategia debe ser pensar primero en los mecanismos para reducir la generación de residuos y desechos, tanto a nivel del productor como del consumidor.
Lamentablemente lo que observamos a diario son acciones tendentes únicamente al reciclaje. Además el reciclaje, como toda actividad humana, y dependiendo de las condiciones de cómo se realice, también puede tener sus impactos, como un mayor consumo energético, la generación de otros contaminantes como dioxinas y furanos, o la afectación de la salud de las personas ante la exposición a materiales peligrosos, solo por mencionar algunos efectos negativos.
El reciclaje es posible cuando generadores, intermediarios y transformadores de residuos, están conectados de una manera planificada, acertada y dentro de una cadena de valor. Su efectividad está dada por la participación permanente y comprometida de cada actor involucrado (ciudadanos, empresas, Estado), tanto en la recuperación de residuos desde el origen, como en el consumo racional de bienes y recursos, marcando así la diferencia entre una práctica verde intermitente, a una realidad sostenible como sociedad responsable con el ambiente.
¿Cuánto se recicla en Venezuela?
Existen muchas compañías de reciclaje en Venezuela, que hacen grandes esfuerzos por reciclar. Sin embargo, aún cuando en el país no hay cifras oficiales sobre generación, composición y reciclaje de residuos y desechos, a pesar de unas cuantas iniciativas puntuales que se ha desarrollado de estimaciones de datos, los técnicos de VITALIS sugieren quede alrededor de las 19 a 25 mil toneladas de residuos que se producen diariamente en el país, solo entre 10 y 19% pudieran estarse reciclando.
De acuerdo con las estadísticas que maneja VITALIS, en Venezuela se recicla alrededor del 95% del aluminio, 90% de hierro, 25% de vidrio, 1% de materia orgánica, 20% de papel y cartón, y alrededor del 2% en plásticos. Sin embargo, en función del volumen total de residuos, menos de la quinta parte pudieran estar recibiendo un tratamiento final apropiado.
No obstante, la capacidad para reciclar en el país, pudiera duplicarse o triplicarse en el caso del papel, los plásticos y el vidrio, en tanto que el aprovechamiento de los residuos orgánicos pudiera incrementarse hasta un 1000%.
Reutilizar no es reciclar
Una equivocación que generalmente se comete al hablar de reciclaje es pensar que todo lo que las personas realizan es reciclaje, por ejemplo al usar el papel por ambas caras, usar los residuos o desechos en piezas de artesanía, reusar un envase de vidrio o plástico, o hasta generar energía de los materiales a través de procesos como incineración, cuando en realidad lo que se está haciendo es reutilizando.
El reciclaje comprende procesos de transformación físicos y/o químicos de los materiales, que luego de transformados pueden dar origen, a través de otros procesos productivos, a bienes similares o totalmente distintos que los originales. Para ellos primero se debe pasar por los procesos de segregación, almacenamiento y recuperación de los residuos, actividades que realizan el común de las personas, pero que no necesariamente conduce a un reciclaje.
Una oportunidad para las comunidades
Para Vitalis, el reciclaje se ha convertido en una alternativa socioproductiva para las comunidades, que debidamente organizadas y capacitadas, pueden incidir proactivamente en mejorar sus ingresos, y calidad de vida. Si bien el por sí mismo no podrá solucionar el problema de la basura, su contribución es innegable.
La participación ciudadana en la formación e información ambiental, tal y como lo consagra la Constitución Bolivariana, permite atacar los problemas vinculados a la deficiente gestión de los residuos y desechos, aunado a políticas publicas serias y comprometidas por parte del gobierno nacional, que mejoren su gestión y manejo. Sin embargo, poco ha avanzado Venezuela en esta materia en la práctica.
Tomando en cuenta que alrededor del 80% de los residuos domésticos e industriales pudieran ser reciclados, para VITALIS, la promoción del reciclaje no sólo pudiera contribuir a resolver el primer problema ambiental del país que es la basura, sino hasta pudiéramos generar alrededor por lo menos 250 mil empleos directos y más de 1 millón indirectos en un año. Sin embargo aclara, sin olvidar la importancia de disminuir la generación de residuos y desechos, y la promoción de la reutilización.
¿Qué necesitamos para mejorar el reciclaje y reuso de materiales en Venezuela?
Para VITALIS son muchos aspectos que estamos pendientes por resolver. Seguidamente se mencionan algunos sin intenciones de ser limitativos:
Adicionalmente, VITALIS recomienda:

Dr. Daniel Corrales Pérez (*)
Una de las principales causas de la contaminación de los suelos, es el crecimiento poblacional y el aumento de la producción de bienes, con una filosofía y estrategia económica globalizada enfocada en producir bienes de corta duración y poca vida útil, que se traduce en mayores ganancias. Sin embargo, la satisfacción de las multi demandas de las sociedades actuales se traduce en la generación de grandes volúmenes de desechos sólidos, líquidos y gaseosos, que terminan siendo liberados en los suelos. La problemática de la contaminación de los suelos en el mundo es un tema que requiere urgentes soluciones y por lo tanto, los gobiernos, universidades, empresas multinacionales y sociedad civil deben destinar mayores esfuerzos y recursos para encontrar alternativas para remediar los suelos y detener el avance expansivo y masivo de la contaminación.
Particularmente
en el sector agrícola, una vía estratégica para aumentar la resiliencia natural
de los suelos ante los efectos de la contaminación, debería ir orientada a promover
y fomentar la actividad microbiológica de los suelos para aumentar la capacidad
de biodegradación. Por consiguiente, se deberá de aumentar los contenidos de
materia orgánica en los suelos mediante la incorporación de residuos de
cosechas y abonos orgánicos. Por otro lado, evitar la compactación del suelo,
los incendios forestales y quemas agrícolas. Así mismo, se debe priorizar el
uso de productos biodegradables para el control de plagas y enfermedades de los
cultivos.
El
manejo, la regulación y el control de productos químicos utilizados en las
industrias, así como, la gestión inclusiva de los residuos descargados hacia el
suelo de forma accidental o intencional, deben ser parte de los principales
retos y desafíos que hoy en día debe emprender la humanidad. De lo contrario,
se verán afectadas la diversidad de funciones que desempeñan los suelos y que
puede repercutir en problemas de salud pública. Finalmente, la transformación
cultural, política y económica que la sociedad experimente a favor de la
conservación y protección ambiental de los suelos, garantizará en gran medida
la producción de alimentos sanos y consecuentemente la vida en la tierra.
(*) Ing. MSc. Dr. Sc. Director ejecutivo de CORES Consultores GeoAmbientales, tiene 20 años de experiencia laboral y su expertise se enfoca en valoración de la peligrosidad de residuos mineros y alternativas de remediación.
Linkendin: https://www.linkedin.com/in/daniel-corrales-p%C3%A9rez-ing-msc-dr-sc-6b680895/
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Por Julio Cesar Centeno (*)
El Convenio de Minamata sobre el Mercurio es un tratado mundial para proteger la salud humana y el medio ambiente de los efectos adversos del mercurio. Entró en vigor el 16 de agosto de 2017.
La primera Conferencia de las Partes se celebró del 24 al 29 de setiembre de 2017 en Ginebra, Suiza.
El Convenio trata sobre un metal usado a nivel mundial y omnipresente que, si bien es de origen natural, tiene un amplio uso en objetos cotidianos y se libera a la atmósfera, al suelo y al agua desde diversas fuentes.
El control de las emisiones antrópicas de mercurio a lo largo de su ciclo de vida ha sido un factor clave a la hora de determinar las obligaciones del Convenio. Sus aspectos más destacados incluyen:
El mercurio se encuentra en una amplia variedad de productos, desde mascara, amalgamas dentales, termómetros y cremas para la piel, hasta miembros de la cadena alimenticia por contaminación de aguas, suelos y atmósfera. La Unión Europea (UE) acordó prohibir el uso de implantes odontológicos con mercurio en niños y mujeres embarazadas a partir del 2018.
El mercurio también se utiliza en multiples productos caseros, como lámparas fluorescentes, baterías e interruptores eléctricos. El 90% de los aparatos electrónicos son desechados sin reciclaje, unas 50 millones de toneladas al año, en donde el mercurio se encuentra junto a otros contaminantes peligrosos como cromo, cadmio, titanio, arsénico y plomo. Otra fuente de contaminación son los residuos de hospitales.
No hay niveles seguros a su exposición. Todos los seres vivos nos encontramos en riesgo cuando se emite. Los mas vulnerables son los niños, las mujeres embarazadas y las poblaciones que consumen agua o peces contaminados.
El metilmercurio (CH3 Hg+ ) es la forma de mercurio con mayor responsabilidad por la contaminación con mercurio de los peces y mariscos, así como de las aves y mamíferos que se los comen. Cuando una persona ingiere metilmercurio, el estómago y los intestinos lo absorben en forma mucho más completa que el mercurio inorgánico. Los principales efectos sobre la salud humana por exposición a metilmercurio son efectos neurotóxicos (parestesias, ataxia, neurastenia, pérdida de visión y audición) en adultos y toxicidad para los fetos de mujeres expuestas durante el embarazo. También se ha demostrado un efecto genotóxico que da por resultado aberraciones cromosómicas en poblaciones expuestas a metilmercurio
Minamata alude a esa pequeña comunidad costera japonesa que se dió a conocer cuando se confirmó en 1956 una de las peores tragedias humanas causadas por este metal pesado, al consumir sus integrantes peces con altos niveles de mercurio. No fueron sino las fotos del reportero norteamericano Eugene Smith tomadas en 1971 (véase algunas de ellas en este enlace) las que interpelaron al mundo sobre este drama humano, pese a los esfuerzos en Japón para que no trascendiera mayormente (véase nota sobre el libro de Eugene Smith y la
Hasta finales de mayo del 2013, el número total de pacientes certificados era de 2.977 (1.784 en la Prefectura de Kumamoto, 491 en la Prefectura de Kagoshima y 702 en la Prefectura de Niigata), de los cuales 646 (330 en la Prefectura de Kumamoto, 130 en la Prefectura de Kagoshima, y 186 en la Prefectura de Niigata) siguen con vida. Mientras tanto, el 16 de abril de 2013 el Tribunal Supremo dictó una sentencia para dos casos que demandan la anulación de las decisiones respectivas del gobierno de rechazar la solicitud de la certificación bajo la Ley de Indemnización.
La convención de Minamata es un paso agigantado hacia la supresión del uso de mercurio tanto en la minería como en actividades industriales. Establece el marco jurídico necesario para proceder contra quienes desacaten las regulaciones sobre la producción, el uso y la disposición de residuos de mercurio.
Unos 14 millones de mineros alrededor del mundo se encuentran expuestos al mercurio, especialmente en la explotación de oro por métodos artesanales en mas de 70 países. En la actualidad hay alternativas tecnicas y económicas para su eliminación en estas actividades.
A la fecha de su entrada en vigor, este convenio internacional de Minamata cuenta con 128 firmas y 74 ratificaciones (véase estado oficial de firmas y ratificaciones).
Si bien lo han firmado, no aparecen en la lista de Estados Partes por no haberlo ratificado para el 02 de Octubre 2017: Reino Unido, España, India, Italia, Nueva Zelandia, Rusia, Corea y Sudáfrica, a diferencia de Estados Unidos, Canadá, China, Alemania y Francia que sí lo han ratificado.
En América Latina figuran como Estados Partes Argentina, Bolivia, Brasil, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Honduras, Perú, Nicaragua, Uruguay, México y Panamá. En este enlace está disponible un informe sobre la implementación de este instrumento internacional en América Latina y en el Caribe.
Con la notable excepción de Guatemala, Centroamérica es parte a este novedoso instrumento. Chile, Colombia y Venezuela han optado por no someterse aún a este tratado.
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Ing. Javier Alejandro González Contreras (*)
El agua es un recurso natural finito, indispensable para la subsistencia de todo ser viviente. Sin embargo, su contaminación, está comprometiendo su disponibilidad presente y futura.
La disponibilidad de agua promedio anual en el mundo es de aproximadamente 1,386 millones de km3, de los cuales el 97.5% es salada y sólo 2.5%, es decir 35 millones de km3, es agua dulce. De esta cantidad casi 70% no está disponible para consumo humano debido a que se encuentra en forma de glaciares, nieve o hielo.
El agua para su uso es la llamada dulce, proveniente de ríos y mantos acuíferos, sin embargo, la misma debe ser potabilizada para su consumo humano.
Se puede considerar que el agua está contaminada cuando es alterada en sus propiedades, haciéndola peligrosa para su uso en las actividades humanas o para el resto de los seres vivos.
Las principales fuentes de contaminación del agua proceden de la agricultura, el sector doméstico, las industrias y el petróleo. La situación es tan grave que menos de 20% de las aguas residuales son tratadas en América Latina.
Existen diferentes métodos utilizados por los seres humanos para ayudar a controlar la contaminación del agua. Su selección dependerá del destino final que se le dará al agua, así como del grado de contaminación existente en la misma y dependerá las características particulares del agua a tratar, así como de la calidad requerida, del tipo y cantidad de residuos que se generen durante los procesos.
La aceptación de la comunidad o grupos de personas a la que le brindará el beneficio es clave en este proceso, así como el método seleccionado pues permitiría la generación de subproductos como fertilizantes o biogás, que aporten ventajas económicas y contribuyan a la sustentabilidad de esa región.
El tiempo de vida útil de los equipos empleados en los métodos de tratamiento, la disponibilidad del terreno, sus características, y el costo del mismo para la implementación de los procesos y del costo de inversión, de operación y mantenimiento del proyecto también son criterios de selección importantes.
Otros elementos para tomar la decisión apropiada son el diseño, construcción y equipamiento requeridos en el proceso, la sencillez de operación del proceso, la seguridad de operación sin que presente fallas que afecte la calidad del proceso, el personal que se requiera para su operación y la disponibilidad de refacciones para proporcionar el mantenimiento preventivo-correctivo.
Finalmente, y no menos importante, el impacto que genere al medio ambiente durante su operación, como la producción del ruido, malos olores, condiciones para la reproducción de animales dañinos o molestos, son criterios fundamentales en la selección del método usado para controlar la contaminación del agua.
Para mitigar los efectos sobre la contaminación del agua, debe existir coordinación y cooperación en las diferentes autoridades quienes deben seleccionar las tecnologías más apropiadas para la conservación de los recursos hídricos.
Sin embargo, la principal responsabilidad recae en cada uno de nosotros, ya que tenemos que hacer conciencia que al verter toda clase de basura o desechos que contaminan al medio ambiente y particularmente al agua, atentamos contra nuestra propia existencia y el de las generaciones futuras.
(*) Ingeniero Industrial, translogme@gmail.com
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Por Diego Díaz Martín, PhD. @DDiazMartin (*)
Las armas químicas han sido usadas en guerras silenciosas, en las que sustancias tóxicas son liberadas al ambiente para matar. Su creación, al igual que cualquier otro tipo de arma, está ligada al odio, impregnadas de desprecio, intolerancia y xenofobia.
Pese a haber sido prohibidas en 1925, tras su uso en la primera guerra mundial, 189 países se unieron para ratificar la decisión de eliminar su uso a partir de 1997, con la entrada en vigor de la a Convención sobre las Armas Químicas. Este acuerdo multilateral, prohíbe el desarrollo, producción, almacenamiento, transferencia y empleo de armas químicas, y dispone, además, su destrucción.
Lamentablemente, no todos los gobiernos del mundo se alinearon a esta decisión, y aún persisten grupos abominables que las utilizan con premeditación y alevosía, para fines contrarios al derecho a la vida.
Entre las armas químicas más potentes destaca el novichok-5, considerada por algunos especialistas como la sustancia más tóxica. Fue desarrollada en la ex Unión Soviética, y a diferencia de otros agentes gaseosos o líquidos, es un polvillo cuyos efectos conducen a la muerte tras un paro respiratorio o cardíaco.
Otro gas de alta toxicidad es el VX, un compuesto organofosforado que afecta al sistema nervioso, y puede llegar a producir la parálisis total de una persona, hasta matarla. Por su letalidad, es considerado un arma de destrucción masiva.
El gas sarín, por su parte, es un neurotóxico que ataca el sistema nervioso central de los seres humanos, haciendo que los impulsos cerebrales se sobreexciten, por lo que los músculos no se puedan relajar, generando espasmos que terminan con la muerte de la persona por asfixia.
Más toxico que el sarín, es el ciclosarín, un agente sintetizado originalmente durante la segunda guerra mundial por los alemanes para uso militar, extremadamente tóxico para el sistema nervioso humano.
Un pesticida, llamado tabún, es otra de las armas químicas más letales del planeta, produciendo contracciones musculares que conducen al coma de las personas afectadas, hasta producirles la muerte.
Junto con el sarín, el ciclosarín y el tabún, otra sustancia química llamada somán, forma parte de los agentes nerviosos denominados serie-G. El somán también es altamente tóxico y ataca el sistema nervioso, actuando a una velocidad impresionante, provocando convulsiones y parálisis respiratoria.
Las semillas del ricino también son usadas en la producción de armas químicas. De allí se obtiene un compuesto llamado ricina, que produce grandes fallas del sistema respiratorio humano, provocando náuseas, vómitos, hemorragias internas, deficiencia hepática y el colapso del sistema circulatorio humano.
Finalmente, otra arma muy usada en las guerras silenciosas, es el gas mostaza, que genera en las personas afectadas ampollas y asfixia agónica, dejando lisiadas a la mayoría de las personas que son atacadas con él, pues no siempre produce la muerte.
Los productores de armas químicas han sido Estados Unidos de América, Alemania, Japón, Gran Bretaña, Francia y China. Sin embargo, hay quienes aseguran que Israel, Birmania, Corea del Norte, Angola, Sudán del Sur, Egipto y Siria, también pudieran haberlas producido o almacenado.
Al igual que cualquier tipo de armamento, las armas químicas están impregnadas de odio, y deberían ser erradicadas de la faz de la tierra.
(*) Biólogo, MSc. en Gerencia Ambiental y Doctor en Ingeniería. Director General para las Américas de VITALIS. @ongvitalis
Imagen cortesía de DailyMail.
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