Johann Gathmann (*)
En este momento está en marcha, en Puerto Rico, un ambicioso programa de reconstrucción de las viviendas afectadas en 2017 por los huracanes Irma y María. Hay 3.200 millones de dólares asignados para reconstruir hasta 20.000 hogares y en un pequeño aparte el programa se exige la certificación de las nuevas casas como sostenibles y energéticamente eficientes.
Para poder certificar una vivienda es indispensable garantizar su eficiencia energética y es a partir de ese requisito que se construyen los sistemas de certificación de construcción sostenible.
El National Association of Home Builders (NAHB), asociación de constructores de viviendas de los Estados Unidos, desarrollaron un sistema propio de certificación a través del Home Innovation Research Labs, que es un instituto dependiente de esta Asociación.
El sistema National Green Building Standard® (NGBS) se apoya en la norma ICC 700.
Hawái levantó la bandera, hace algunos años, para alertar que el comportamiento energético de las viviendas hawaianas nada tiene que ver con las de tierra firme, pues al no haber necesidad de calefacción, la intensidad energética de las mismas es bastante menor.
Se desarrolló, entonces, una opción que considera a las viviendas tropicales como una condición particular, por lo cual demostrar los 11 puntos señalados a continuación permite certificar que las mismas son razonablemente eficientes desde el punto de vista de energía.
Esta consideración particular es de enorme impacto pues no requiere inversión adicional en aislamientos y hermeticidad, que no son necesarios, en absoluto, en un clima tropical.
Estas once condiciones, si bien se aplican para los territorios americanos con los costos de energía mas elevados de ese país, Hawái con cerca de 50 cts.$ por Kwh y Puerto Rico en 23 cts. $ por Kwh, bien pueden ser aplicadas a cualquier vivienda ubicada en latitudes tropicales.
Ellas son, a saber:
Aprovechar, y disfrutar, el clima del trópico es una medida clave para la reducción de emisiones y eficiencia energética.
Vitalis te invita a revisar el artículo “Ingeniería ¿al servicio de la sociedad?” relacionado con el tema aquí abordado.
____________________________________________________________________________
(*) Ingeniero mecánico, consultor en eficiencia energética en edificaciones, Certificador de construcciones sostenibles bajo la metodología LEED, NGBS y PassivHaus. desarrollador e inversionista inmobiliario, ha participado en proyectos de evaluación y certificación de edificaciones verdes en Venezuela, Puerto Rico y Estados Unidos.
Linkedin: Johann Gathmann Web: www.advancebau.com
]]>
Por Antonio Veiga (*)
La “Economía Circular” es una propuesta político-educativa emanada de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para lograr el desarrollo mundial en bucle.
Aunque no se puede señalar su inicio referido a una única fecha y a un único autor, podemos decir que a partir de la evolución del pensamiento en torno a la educación ambiental y a los planteamientos del informe “Nuestro Futuro Común” (1987), la economía circular se consolidó como un factor de responsabilidad social. Actualmente su significado permea transversalmente los 17 objetivos del desarrollo sostenible (ODS) acordados en 2015 a través de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Se trata de una hoja de ruta que los estados y gobiernos nacionales deben seguir hasta 2030 en referencia al flujo de los materiales usados por la sociósfera y su gestión con respecto a la ecósfera.
Consolidar el desarrollo mundial en bucle supone en primer lugar comprender que el modelo actual es “lineal”, propio de una sociedad de consumo con una maquinaria comercial que vende productos y servicios como “necesarios” para la calidad de vida de las personas, pero cuyos orígenes y destino final desconocemos.
En nuestra vida cotidiana se observa que una vez dañados, los equipos como teléfonos celulares y electrodomésticos terminan en gavetas, armarios o trasteros. Igualmente, después de un solo uso, se descartan empaques, bolsas de supermercado, vasos, botellas plásticas, contenedores de comida y una larga lista de materiales plásticos y sintéticos.
Este estilo de consumo es propio de una sociedad irresponsable que ignora los impactos ambientales asociados con las fases del proceso lineal de extracción de la materia prima, su transformación, comercialización y disposición final. Lamentablemente esta conducta se está revirtiendo sobre nosotros mismos, afectando la calidad del agua, contaminando el aire, alterando los suelos y peor aún contribuyendo al temido “cambio climático”.
¿Cómo impulsamos entonces la economía circular? ¿cómo lograr que el ciudadano común sea consciente de que con sus acciones individuales puede contribuir a solucionar los problemas ambientales y “torcer” la linealidad? Para ello debemos consolidar una cultura social fundamentada en actuaciones tales como el consumo responsable, la “basura cero”, las economías locales vibrantes y demás iniciativas sostenibles para disminuir nuestra huella ambiental.
Muchos ciudadanos del mundo cada día adoptan nuevas prácticas, destacando entre otras, la donación de ropa en desuso, la reparación y venta de artefactos aún utilizables, la preparación de composteros caseros, la horticultura vertical, la reutilización de materiales para arte urbano y la fabricación de juguetes artesanales.
De igual manera, en favor de la economía circular, existen tutoriales y canales en YouTube, grupos organizados de acciones para intercambiar materiales en Facebook, propuestas interesantes de arte urbano y otras creaciones visuales por Instagram, denuncias constantes sobre delitos ambientales por Twitter y Blogs, que son espacios abiertos para comunicar, sensibilizar y educar.
No obstante el trabajo realizado en los medios digitales, las experiencias aún lucen dispersas y desconectadas. Por esta razón y para cerrar la brecha, es esencial gestionar una red social abierta, inclusiva, que permita mostrar las experiencias individuales y colectivas, con la posibilidad de conectar voluntades, acciones, intereses y eventos entre otros.
Es momento de sumar y construir un círculo virtuoso con todos estos esfuerzos desde la web, algo similar a una gran red que sea un híbrido entre Wikipedia de la economía circular con FaceBook, adicionado con una plataforma de intercambio de materiales tipo “Mercado Libre” para que las personas también ejecuten emprendimientos con interés comercial ¿Será posible? Habrá que intentarlo.
Si quieres saber más sobre el consumo ético te invitamos a leer el artículo de nuestro Director de Comunicaciones, David Mendoza, “El consumo ético, manual práctico para ser un consumidor más responsable” y ampliar tu opinión con esta de nuestro Director de Economía Circular, Antonio Franyutti, “La transición de la economía lineal hacia la economía circular: un cambio radical en los patrones y hábitos de consumo“
(*) Doctor en Educación Ambiental, Magister Manejo de Recursos Naturales Renovables. Ingeniero Agrónomo. Docente-Investigador Universidad Nacional Experimental de los Llanos Occidentales Ezequiel Zamora, Venezuela. https://www.linkedin.com/in/dr-antonio-veiga-docente-investigador-84529972/
]]>
En los años recientes ha cobrado relevancia el término de “Economía Circular”, una estrategia que apunta hacia la valorización de lo que actualmente se considera como residuo, transformando lo que siempre fue un costo, en valor para la empresa. En la economía actual se emplean los recursos naturales de una forma indiscriminada, lo que hace que el modelo lineal (Producir–Usar–Tirar) se torne insostenible.
Como tal, la
economía circular no es un círculo, es más bien un sistema dinámico de
productos interconectados: su objetivo está basado en configurar bucles
cerrados en los que la complejidad y la funcionalidad de un producto se
conserven durante el mayor tiempo posible. Quizás la característica más
importante sea la de asegurarnos de que los materiales peligrosos y los
contaminantes se eliminen del sistema circular, por lo que se deben desarrollar
y mantener ciclos de materiales limpios, que no generen problemas de salud o
riesgos ambientales.
La clave para
habilitar la circularidad está en el diseño del producto. Un ángulo alternativo
es maximizar la funcionalidad de los materiales y, siempre que sea posible,
cambiar a otros materiales que tengan menor impacto ambiental, de aquí que el
ecodiseño y la ecoeficiencia sean dos de las herramientas claves en la
circularidad.
La economía
circular necesita nuevos modelos de negocios ya que los actuales, al centrarse
en la venta de productos, dificultan la integración del uso prolongado y la
reutilización bajo el enfoque de mercado. Entonces, ¿cómo crear valor para los clientes
mientras se usan menos materiales y se conservan los recursos? Este es uno de los temas que la economía
circular está tratando de resolver mediante la innovación.
Por otra parte,
los instrumentos de política tienen un papel muy importante que desempeñar en
la configuración de la economía circular. Hay una variedad de instrumentos
disponibles y en uso enfocados hacia un cambio en el comportamiento de los
productores y de los consumidores.
No se espera que la transición a una economía circular sea una evolución fácil y gradual ya que se requiere de un cambio profundo en la forma en que vivimos, viajamos, trabajamos y hacemos negocios.
En ONGVitalis
Latinoamérica podemos llevarte de la mano, mediante asesorías puntuales, hacia
la circularidad.
*Director de Sistemas de Gestión
Ambiental, ONGVitalis.
e-mail: afranyutti@vitalis.net, linkedin: https://mx.linkedin.com/in/antonio-d-franyutti, twitter: @adfral
]]>