(*) Por Nieves Dácil Hernández Lorenzo
La globalización ha transformado el mundo en un tejido denso y multimodal de traslados que permiten, como nunca antes, una interconexión e impulsa la movilidad de personas y bienes. Este fenómeno ha traído consigo beneficios significativos de tipo económico y cultural. Sin embargo, también ha planteado serios desafíos ambientales.
El transporte, en sus diversas formas, es un componente esencial de la globalización, pero también es una de las principales fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), siendo responsable de aproximadamente el 24% de las emisiones globales de CO2. Dentro de esta cifra, el transporte terrestre representa el 74,5% de las emisiones del sector, el transporte marítimo es responsable del 11% y el transporte aéreo contribuye con el 12%. Este último, aunque aporta una fracción menor del total, contribuye con emisiones de mayor impacto debido a la altitud a la que se liberan.
El Acuerdo de París, adoptado en 2015 durante la 21ª Conferencia de las Partes (COP21) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), se ha constituido en el compromiso global de mayor relevancia para combatir el cambio climático. Este Tratado busca limitar el aumento de la temperatura global a menos de 2º centígrados por encima de los niveles pre industriales y plantea esfuerzos adicionales para limitarlo a 1,5º. Aunque el Acuerdo no menciona específicamente los sectores de transporte marítimo y aéreo, éstos inciden de manera indirecta, por ser determinantes para la economía global y, como resultante, contribuyen de forma sustancial en el aporte de emisiones de GEI.
Como respuesta a los efectos del cambio climático la Organización Marítima Internacional (OMI) y la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) han desarrollado estrategias específicas alineadas con los objetivos del Acuerdo de París.
La OMI ha establecido una estrategia para reducir las emisiones de GEI del transporte marítimo en al menos un 50% para 2050 en comparación con los niveles de 2008, con una visión a largo plazo de eliminarlas por completo. Entre las medidas adoptadas se incluyen la mejora de la eficiencia energética de los buques, el desarrollo de combustibles alternativos y la implementación de tecnologías innovadoras.
Por su parte la OACI ha desarrollado el esquema de Reducción y Compensación de Carbono para la Aviación Internacional (CORSIA), que tiene como objetivo estabilizar las emisiones de CO2 del transporte aéreo internacional en los niveles de 2020 mediante la compensación de emisiones. Además, la industria de la aviación se ha comprometido a alcanzar la neutralidad de carbono para 2050 mediante la adopción de combustibles sostenibles, la mejora de la eficiencia de las aeronaves y la implementación de nuevas tecnologías.
Los desafíos que el sector afronta para la reducción de las emisiones que genera, están asociados principalmente a:
En respuesta a los desafíos actuales, el sector ha venido impulsando acciones estratégicas, en las que se resaltan:
Como ejemplos que muestran los avances dentro de los subsectores marítimo y aéreo tenemos:
La globalización y la movilidad presentan desafíos significativos para la lucha contra el cambio climático, especialmente en el sector del transporte, el cual enfrenta retos importantes para la reducción de sus emisiones. En este sentido, deben desarrollarse actuaciones específicas y coherentes por parte de conjunto de los actores y en el marco del Acuerdo de París de manera que se integren y alcancen los objetivos climáticos que se han establecido para el 2050.
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(*) Ingeniero de los Recursos Naturales Renovables. Experta en gestión de proyectos, desarrollo sostenible y medio ambiente. Facilitadora de procesos en el marco del desarrollo sostenible. Líder Global de Vinculación y Sostenibilidad de Vitalis. Contacto: https://www.linkedin.com/in/nievesdacilhernandez/
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