(*) Antonio Veiga
En el contexto de las empresas aeronáuticas, la gestión ambiental se ha convertido en una prioridad a nivel mundial debido a la creciente presión regulatoria, social y económica para reducir el impacto ambiental de la industria.
La implementación de un Sistema de Gestión Ambiental (SGA) basado en la norma ISO 14001 representa un desafío tanto técnico como organizacional, afectando no solo los procesos operativos, sino también las condiciones laborales de los empleados en diversas áreas.
Un SGA tiene como objetivo mejorar el desempeño ambiental de la empresa a través de la identificación y control de impactos ambientales significativos, la adopción de prácticas sostenibles y el cumplimiento de regulaciones ambientales locales e internacionales. Sin embargo, su implementación no está exenta de dificultades, especialmente en el ámbito laboral.
Los trabajadores de distintos departamentos pueden enfrentar cambios en sus rutinas diarias, nuevas responsabilidades, capacitaciones obligatorias y, en algunos casos, una mayor carga administrativa o de cumplimiento normativo.
Si bien existen desafíos y cierta resistencia al cambio en algunas áreas, los beneficios en términos de eficiencia operativa, reputación y cumplimiento normativo justifican la adopción de estas prácticas.
La clave para una transición exitosa radica en la planificación estratégica, el diálogo con los trabajadores y la incorporación progresiva de medidas que permitan alcanzar los objetivos ambientales sin afectar la operatividad ni la estabilidad laboral. La experiencia de aerolíneas en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica demuestra que un enfoque equilibrado y participativo es esencial para minimizar los conflictos laborales y garantizar que la sostenibilidad sea un pilar fundamental en el crecimiento del sector aeronáutico.
La responsabilidad social y ambiental juega un papel central en la viabilidad de un SGA dentro de una aerolínea. Más allá del cumplimiento normativo, las empresas del sector deben asumir un compromiso con la reducción de su huella ecológica y la integración de prácticas responsables en su cadena de valor. Esto implica la gestión eficiente de recursos como agua, energía y combustibles, aunque también la implementación de programas de mitigación de impactos en comunidades cercanas a los aeropuertos y la adopción de iniciativas de compensación ambiental, como la reforestación o el uso de biocombustibles.
La implementación de un SGA en una aerolínea es un proceso que va más allá de la simple certificación; implica un cambio estructural en la forma en que la empresa opera y en la manera en que se percibe en el mercado global.
El compromiso ambiental de las aerolíneas también ha impulsado la creación de programas de incentivos para pasajeros responsables, una estrategia que busca integrar al viajero en las iniciativas de sostenibilidad de la empresa. Algunas aerolíneas han introducido sistemas de compensación de carbono que permiten a los pasajeros pagar una tarifa adicional para mitigar la huella ambiental de su vuelo.
El éxito dependerá de la capacidad de adaptación de la organización, del compromiso con la mejora continua y de la integración de prácticas ambientales responsables en cada nivel de la empresa.
La implementación de un SGA en la industria aeronáutica conlleva cambios significativos en todos los niveles de la organización. Si bien existen desafíos y resistencia al cambio en ciertas áreas, los beneficios en términos de eficiencia operativa, reputación y cumplimiento normativo justifican la adopción de estas prácticas. La clave para una transición exitosa radica en la planificación estratégica, el diálogo con los trabajadores y la incorporación progresiva de medidas que permitan alcanzar los objetivos ambientales sin afectar la operatividad ni la estabilidad laboral.
La experiencia de aerolíneas en Europa, Estados Unidos y Latinoamérica demuestra que un enfoque equilibrado y participativo es esencial para minimizar los conflictos laborales y garantizar que la sostenibilidad sea un pilar fundamental en el crecimiento del sector aeronáutico.
Te puede interesar revisar el artículo sobre Cambio climático: Desafíos y oportunidades para el transporte aéreo que también está publicado en este blog.
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(*) Doctor en Educación Ambiental, consultor en sostenibilidad y calidad educativa, especialista en rankings universitarios y análisis de datos. Colaborador de Vitalis. Contacto: www.linkedin.com/in/drantonioveiga
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(*) Por Diego Díaz Martín
El transporte aéreo es un componente vital de la economía global. Gracias a él se facilita el comercio, el turismo y la conexión entre personas, países y culturas. La otra cara de este sector, es su significativo impacto negativo sobre el ambiente.
Este medio de transporte contribuye entre un 2 y 3% de las emisiones globales de dióxido de carbono (CO2). Además del CO2, los aviones emiten otros contaminantes como óxidos de nitrógeno (NOx) y partículas de sulfato, que contribuyen al calentamiento global al formar estelas y nubes cirros artificiales. De no implantarse medidas adecuadas y efectivas, el incremento tendencial de la movilización aérea a nivel global se traducirá, para el 2050, en la duplicación o incluso triplicación de las emisiones que actualmente se generan.
La Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) ha desarrollado el esquema de Reducción y Compensación de Carbono para la Aviación Internacional (CORSIA), que busca abordar los problemas generados por las emisiones del sector a partir de 2021. CORSIA tiene como objetivo estabilizar las emisiones de CO2 de la aviación internacional a los niveles de 2020 mediante el desarrollo de un Plan que contempla fases hasta el 2035, que, entre otras acciones, considera estabilizar y compensar las emisiones generadas.
Por otra parte, los desafíos asociados a conseguir la neutralidad climática del sector de la aviación internacional, se soportan en estrategias alineadas con los objetivos del Acuerdo de París, entre las que resaltan:
¿Será posible la sostenibilidad y la transformación del sector? Ante esta interrogante, diversas iniciativas alrededor del mundo están demostrando que es posible avanzar con ese rumbo:
El transporte aéreo enfrenta desafíos críticos en su lucha contra el cambio climático, pero también tiene oportunidades significativas para innovar y liderar la transición hacia una economía baja en carbono, aunque el camino es complejo, es posible avanzar hacia un futuro más sostenible para la aviación.
Relacionado con este tema te invitamos a leer también el artículo “Globalización, movilidad y cambio climático: Acuerdo de París, la ruta“.
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(*) Fundador y Director General de Vitalis. Académico universitario de la Red de Universidades de Anahúac en México. Contacto: www.linkedin.com/in/ddiazmartin
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Por Eduardo Ochoa Perales (*) @Ochope
En los últimos meses hemos visto crecer el uso de transportes “ecológicos”, denominados sostenibles, tales como bicicletas, patinetas eléctricas, motocicletas, y otros vehículos ambientalmente amigables. La razón principal, la Covid-19.
En el caso especifico de las bicicletas, su venta se ha disparado en todo el mundo, alcanzando hasta 5000%. Esto ha tomado por sorpresa a las diferentes empresas que las manufacturan, debido a que sus líneas de producción han estado paralizadas durante los meses de confinamiento, por lo que no han podido cubrir la creciente demanda.
En todo este proceso de cambio que estamos experimentando en los medios de movilización, la pandemia ocasionada por el nuevo Coronavirus juega un rol fundamental.
El miedo de la población a los medios de transporte masivos, donde las posibilidades de contagio son mayores, trajo como consecuencia que en países como España, la demanda de bicicletas tuviera un incremento de 260%. En ciudades como Barcelona, la autoridad municipal anunció que dará subvenciones directas para la compra de bicicletas o patinetes, con el objetivo de fomentar la movilidad sostenible y descongestionar el transporte público, en un momento en el que la distancia física sigue siendo necesaria.
Otro ejemplo de este fenómeno social ocurre en los Estados Unidos de Norteamérica, donde la bicicleta se ha convertido en un bien de transporte esencial. Los grandes almacenes como Walmart han visto sus inventarios
reducidos, convirtiéndose en la mayor cadena vendedora de este tipo de medio de transporte. El número de bicicletas vendidas fue más del 5.000% superior al de mediados de mayo de 2019.

Por su parte, Google informó que la búsqueda de rutas en bicicleta, a través de su plataforma Google Maps, experimentó un incremento récord de 69%.
América Latina no escapa a este boom. En ciudades como Bogotá, las ciclovías que recorren la ciudad ya presentaban un auge. La patineta eléctrica se incorporó desde hace meses al gran número de bicicletas que a diario recorren esta vía. No obstante, no todas la ciudad cuenta con áreas especialmente diseñadas para el uso de este medio de transporte, aunque 45 km nuevos de ciclovía temporales se sumaron a los 35 km adecuados inicialmente cuando empezaron las restricciones.
En Venezuela, la pandemia y el incremento del costo de la gasolina impulsaron que las tiendas de reparación de bicicletas se vieran desbordadas. Por ello también es común observar una gran cantidad de ciclistas en las calles, especialmente los que se encargan del sistema de venta de entregas a domicilio (delivery), pues muchos negocios de comida optaron por contratar a ciclistas para las entregas, en una ciudad donde las normas de tránsito no son respetadas.
Desafortunadamente, iniciativas como las implementadas por algunas alcaldías caraqueñas que promovían y prestaban bicicletas, se vinieron abajo por la ineficacia en la gestión pública. De haber persistido hoy serían muy buenas alternativas.
La crisis desatada por la pandemia y las posteriores restricciones de movilidad que los ciudadanos hemos sufrido, han propiciado un fenómeno social que por los momentos sigue en aumento. Mientras no se consiga una solución inmediata para el Covid-19, las personas se verán obligadas cambiar su forma de movilizarse.
Ojalá esta nueva cultura que apuesta a la movilización sostenible se mantenga, disminuyendo las emisiones contaminantes a la atmósfera, propiciando el ejercicio y descongestionando las vías de comunicación.
Los beneficios del transporte sostenible son muchos. Nuestra salud y la del planeta, lo necesitan.
(*) Licenciado en Administración. Líder Global de Gestión Integrada de Recursos Hídricos de Vitalis. Director Ejecutivo de Vitalis Venezuela. Presidente de la Asociación Venezolana para el Agua. https://www.linkedin.com/in/eduardo-ochoa-perales-81193a157/
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