Por Felipe Arenas Quintero (*)
En noviembre de 2020, la zona Caribe en Centro y Sudamérica, fue afectada notablemente por dos huracanes consecutivos, Eta e Iota, los cuales causaron graves daños materiales. Según expertos ambientales, el aumento en la intensidad de las tormentas en lugares donde no eran tan frecuentes ni tan fuertes, está directamente relacionado con el aumento de la temperatura en todo el planeta.
Dentro de este contexto, se considera muy importante reflexionar sobre la importancia de tomar medidas urgentes para detener el calentamiento global. Si bien, es una tarea colectiva y que no depende completamente de la ciudadanía, desde la cotidianidad se pueden realizar pequeñas acciones para prevenir y reducir el problema.
Así mismo es fundamental tomar conciencia acerca de la extensión planetaria de las consecuencias de este fenómeno, el cual no sólo afecta a las personas que residen en las zonas costeras, sino que impacta a toda la humanidad, en todos los sitios, a distintas escalas y formas. Entre ellas vemos el aumento en el costo de los alimentos, sequías prolongadas, alteración de ecosistemas, entre otras.
Algunas de las acciones que pueden emprenderse desde la vida cotidiana para enfrentar este problema se relacionan con el cambio en los medios de transporte que utilizamos regularmente, en particular, empezar a emplear la bicicleta como vehículo diario y movilizarnos con más frecuencia en transporte público. Otras prácticas apuntan a consumir menos energía en hogares y sitios de trabajo; modificar las prácticas de consumo, en especial reducir el uso de materiales no biodegradables y reparar ropa, enseres, equipos y utensilios, en lugar de adquirir nuevos productos.
Aunque la solución parece sencilla, modificar estos hábitos puede ser difícil para algunas personas, porque durante muchos años han tenido estilos de vida que no promueven esta gestión. Por eso para generar estos cambios se requiere la educación ambiental en los espacios formales e informales y una gestión gubernamental sistemática.
En Colombia, por ejemplo, la educación ambiental y la gestión gubernamental son necesarias para informar a la comunidad, estimular el uso de medios de transporte menos contaminantes, impulsar y ejecutar procesos eficientes de reciclaje, disponer los residuos sólidos en forma adecuada y fomentar el comportamiento ciudadano ambientalmente responsable, todo lo cual, no sólo generaría beneficios personales, sino colectivos.
La educación ambiental se hace necesaria en un país como Colombia debido a que en la cotidianidad este tema no está muy presente. Por ello, el uso de transporte que genere menos gases de efecto invernadero y los procesos de reciclaje no son tan eficientes como en países europeos. Así mismo, el apoyo a la movilización por medios alternativos y la disposición de desechos en lugares adecuados tampoco se da de la mejor manera. La principal causa para que esto pase es el desconocimiento.
Si te interesa saber un poco más sobre la movilidad sostenible te invitamos a leer este artículo: “El auge de la movilidad sostenible en tiempos de Covid-19“.
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* Profesional en Ciencia Política, con experiencia en trabajo con comunidades y sus escenarios de desarrollo. Colaborador de Vitalis en Colombia.
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VITALIS continúa su crecimiento internacional, y esta vez lo hace en Colombia, país megadiverso por excelencia, con grandes desafíos de conservación.
El encuentro se realizó en Bogotá, en la sede de Energia y Movilidad S.A.S, y reunió a un destacado grupo de profesionales en diversas disciplinas, quienes asumieron el reto de construir y desarrollar una agenda conservacionista que aporte proyectos y programas orientados hacia la sustentabilidad de colombia, en especial de apoyo al proceso de reconstrucción de paz.
La Educadora Rosángela Blanco será la líder de VITALIS en la nación neogranadina, y con ella se encuentran Biólogos, Ecólogos, Ingenieros, Abogados, Administradores, Comunicadores y demás profesionales, que le confieren a la Fundación el carácter multidisplinario observado en sus organizaciones hermanas en Venezuela y México.
Entre las áreas prioritarias de interés de VITALIS en Colombia están la educación ambiental, emprendimiento juvenil y responsabilidad social; información y comunicaciones ambientales, ecoeficiencia y producción limpia, bienes y servicios ambientales, y turismo sustentable.
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Por Rosángela Blanco, @rosangelablanco (*)
En Colombia, específicamente en Bogotá, son notorios los mensajes en materia del cuidado a los recursos naturales y de la disposición adecuada de los residuos. De hecho, en muchos lugares se pueden observar estaciones de reciclaje.
Sin embargo, ¿Solo se trata de marketing verde? ¿Realmente hay una solución sostenida y sostenible detrás de todo esto? ¿Se separan en el origen los residuos? ¿Esos residuos van a una disposición final adecuada?
Considero, como vecina, que la ciudad muestra una imagen de responsabilidad ambiental, y pareciera que no se ignoran estos temas. Sin embargo, observando más a profundidad, se evidencia una especie de divorcio entre las iniciativas, públicas o privadas, y la gente.
Las personas tienen que poder apropiarse de esas iniciativas. Es necesario que conozcan los detalles, que opinen, que las cambien si lo consideran, que participen y, por ende, que las cuiden y las mantengan.
Por ejemplo, una ventaja que tiene la ciudad, y que pudiera aprovecharse mucho más, es el sistema de más de 20 mil recicladoras, de los cuales muchos están organizados bajo la figura jurídica de cooperativas y articulados con el Programa Basura Cero de la Alcaldía Mayor de Bogotá.
Sin embargo, los recicladores tienen que meterse en la basura para recopilar los materiales que pueden ser reciclados, lo que implica más trabajo y menos eficiencia. Además, no es el deber ser.
Si logramos que la ciudadanía separe en el origen (hogares, oficinas), ese tímido 15% – 20% de residuos reciclados (según las cifras más positivas), podría aumentar exponencialmente y evitar que las 8000 toneladas diarias que produce la ciudad lleguen al relleno sanitario.
A los gobiernos: es la sociedad quien debe desarrollar las soluciones y la sociedad somos todos. No subestimen a la gente.
A las empresas: ustedes son parte importante de la sociedad, no una isla apartada de ella.
A los vecinos: participemos activamente, seamos ciudadanos, no seres pasivos.
(*) Licenciada en Educación, Especialista en Gestión Ambiental Empresarial. Directora de VITALIS en Colombia.
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Quiroga, quien fue promotor de la creación de esta efeméride mundial, alertó sobre los riesgos de exposición ante las radiaciones ultravioletas del sol, que pueden producir cáncer de piel, cataratas, debilitamiento del sistema inmunológico y susceptibilidad a un gran número de enfermedades.
De acuerdo a la escala de radiación ultravioleta de la Organización Mundial de la Salud, la exposición de 6 a 7 puntos es considerada alta, de 8 a 10 muy alta y por encima de los 11 puntos se la califica de extremadamente alta. La mayor incidencia de R/UV de 11 a las 14.
De acuerdo con Quiroga, entre las ciudades que reciben una Radiación UV extremadamente alta (+ de 11), se encuentran las ciudades más importantes de Venezuela (Caracas, Valencia, Maracay, Barquisimeto y Maracaibo), así como urbes de Colombia (Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla), Ecuador (Quito, Cuenca y Guayaquil) y Perú (Lima, Arequipa y Trujillo).
En una Radiación UV extremadamente alta (11) las personas de piel clara pueden soportar hasta 15 minutos sin protección, y las de piel morena un máximo de 25; para Quiroga, después de esos lapsos de tiempo es necesario protegerse.
Es importante precisar que en días nublados no existen bajos niveles de radiación UV, Para tener una idea, en un cielo despejado el promedio UV puede rondar el valor de 13, en tanto que con cielo nublado, los índices oscilarán entre 11 o 12.
Quiroga también alerta que el Área Metropolitana de la ciudad de México, con más de veinte millones de habitantes, es la mayor población urbana del mundo expuesta a los más altos índices de radiación UV.
RECOMENDACIONES BÁSICAS PROTECCIÓN RADIACIÓN UV