Por Dr. Diego Díaz Martín (*), @DDiazMartin
Con ese slogan, este 22 de abril celebramos el Día Mundial de la Tierra 2021, inmersos en una pandemia planetaria que no ha dado tregua a los críticos problemas ambientales que atentan contra nuestra sustentabilidad.
La crisis climática, la contaminación atmosférica, la deforestación, el limitado acceso al agua potable, la producción desmesurada de residuos y desechos, el mal manejo de las áreas protegidas y la extinción de especies, son quizás algunos de los desafíos ambientales más emblemáticos, aunque tristemente, la lista es mucho más larga
Dado el inminente deterioro planetario, más de mil millones de personas en 192 países centrarán la atención internacional en lo que hasta ahora ha sido la celebración cívica más grande del mundo. La crisis global nos exige una activa participación, que más allá de los reclamos, venga cargada de propuestas y acciones.
Pese a los esfuerzos multilaterales, la destrucción planetaria continúa a paso desmedido, lo cual hace pensar que la Covid 19 no será la última pandemia, pues seguimos actuando en forma irresponsable en nuestra relación con la naturaleza, desafiando sus leyes, procesos y fenómenos, sin medir las consecuencias.
Por todo lo anterior, en Vitalis continuamos fortaleciendo nuestras acciones para revertir esta tendencia autodrestructiva, aportando soluciones técnicas y científicas, y generando valor agregado a través de la integración de esfuerzos entre diversos actores. La única forma de desacelerar los procesos de degradación está en la activación de los grupos de control, el monitoreo de variables fundamentales, el cumplimiento de la normatividad vigente (incluyendo la creación de normas en campos poco desarrollados) y la participación de todos, sin ningún tipo de distinción o discriminación.
Necesitamos a empresas, gobiernos, comunidades, universidades y medios de comunicación activos, cuyas acciones tangibles demuestren su real compromiso con la protección ambiental y la sustentabilidad, pasando del dicho al hecho con contribuciones concretas. También requerimos líderes sociales dispuestos a movilizar a la ciudadanía para participar en los procesos de decisión y cambio, ejerciendo la contraloría social, apuntando al logro de los objetivos de desarrollo sostenible, y muy especialmente, a la promoción del bienestar y la calidad de vida de todos, sin distinción alguna.
Juntos somos más fuertes, y en la medida que actuemos en la misma dirección de los propósitos ambientales compartidos, en forma colaborativa y coordinada, lograremos el impacto necesario para iniciar la recuperación de nuestro planeta, que aunque luce difícil y lejana, es posible.
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(*) Académico e Investigador del Tecnológico de Monterrey y la Red de Universidades Anáhuac en México, y la Universidad de Lodz en Polonia. Director General de Vitalis para Iberoamérica, Estados Unidos y Canadá.
]]>Más de 20 millones de hectáreas de bosques se pierden en el mundo anualmente, sin incluir las grandes extensiones que son degradadas por prácticas forestales destructivas, sobre aprovechamiento forestal, contaminación, sequías y minería, entre otros. Al menos 15 de los 24 servicios ambientales más importantes del planeta, y que mantienen la economía del mundo, han sido forzados más allá de sus límites de sustentabilidad, por lo que seguir produciendo y consumiendo de la misma manera es simplemente inviable, y tarde o temprano se frenará el crecimiento económico.
Asimismo en las últimas décadas, el incremento del uso de la tierra y la producción en general, han traído crecientes costos asociados con la degradación de muchos servicios de los ecosistemas, un mayor riesgo de cambios no lineales, y la acentuación de la pobreza de algunas regiones del globo, en particular de África,
En materia climática, el protocolo de Kioto aún no cuenta con un sustituto convincente y esperanzador, en tanto que la biodiversidad enfrenta los niveles de amenazas más altos de toda la historia, con al menos 41.415 especies en la Lista Roja de la Unión Mundial para la Conservación (UICN), de las cuales al menos 17 mil son consideradas como amenazadas de extinción. El número total de especies extintas ha superado las 785 y otras 65 sólo se las encuentra bajo cautiverio o cultivo.
En materia de sustentabilidad social, tampoco se han logrado los objetivos desglosados en los principios de las Declaraciones de Río y en la Agenda 21. Pese a que algunas naciones en desarrollo han podido avanzar en sus acciones, al tiempo que muchos países desarrollados han fortalecido sus programas, las desigualdades sociales se han profundizado en las últimas dos décadas y la pobreza no ha disminuido como se esperaba, convirtiéndose al mismo tiempo en una causa y consecuencia del deterioro ambiental, y de la falta de atención de las necesidades básicas de las poblaciones humanas, condición indiscutible para garantizar la sustentabilidad. Vale destacar que alrededor de 400 millones de personas se encuentran en condiciones de pobreza extrema, mal nutridos o sin acceso a un sistema seguro de abastecimiento de agua potable.
En términos de población, 27 % de los niños y niñas en los países en desarrollo tiene un peso inferior al normal, lo que significa que cerca de 146 millones de niños y niñas están malnutridos, siendo la causa de la muerte de alrededor de 5,6 millones según un informe del Fondo para la Infancia de la ONU.
Alrededor de 33% de ecosistemas naturales han desaparecido en los últimos 30 años, y la presión sobre la tierra se ha incrementado en más de 50% durante el mismo período de tiempo, principalmente debido al aumento en los patrones de consumo y la contaminación.
“Más compromisos honestos, objetivamente auditables y menos cumbres”, sugiere Diego Díaz Martín, Presidente de VITALIS y Jefe de Estudios Ambientales de la UNIMET, haciendo referencia a los pocos avances que han podido concretarse en materia climática, pese a la enorme cantidad de encuentros internacionales que se han realizado en los últimos años.
Otro desafío importante en la gestión ambiental es dejar de percibir el mejoramiento ambiental como un costo, y comenzar a manejarlo como una inversión, donde inclusive las emisiones y los residuos pueden considerarse recursos potenciales y materia prima para ser transformados en productos útiles. De igual forma, es importante destacar que los retos ambientales involucran hoy en día a grupos multidisciplinarios de expertos, y no sólo a los “expertos”. Ello debería incluir a los diversos grupos de interés afectados positiva o negativamente por cualquier proyecto o programa ambiental.
Asimismo, es vital que las medidas de mejoramiento ambiental deban ser desarrolladas continuamente para alcanzar estándares de alta calidad y el concepto de calidad evolucione desde la simple satisfacción del consumidor por un producto o servicio, para incluir también el menor impacto sobre el ambiente y la humanidad:

Ante la situación planetaria, VITALIS recomienda las siguientes acciones:
Los seres humanos seguimos reaccionado lentamente ante la compleja problemática ambiental, con lo cual se ha agudizado la disponibilidad de agua potable, el incremento del efecto invernadero, el deterioro de la capa de ozono, el número de niños y ancianos en situación de pobreza extrema, y la extinción de las especies, por citar sólo algunas de sus dolencias.
De acuerdo con Díaz Martín, “la respuesta de los gobiernos ha sido lenta y hasta cómplice, en especial de las economías más desarrolladas”. Es por ello que cada 22 de abril se celebra en todo el planeta el Día Mundial de la Tierra, efeméride que nos recuerda que tenemos sólo un lugar en todo el universo para sobrevivir, y que se inició en 1970 cuando 20 millones de norteamericanos tomaron las calles, los parques y los auditorios para manifestarse por un ambiente saludable y sustentable.
Conozca la programación de la Semana de la Tierra 2014 en Venezuela aquí
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