Tal afirmación fue formulada por Diego Díaz Martín, Presidente de VITALIS, y creador del Día Mundial de las Playas en Venezuela, quien destacó que de acuerdo con el Decreto con Rango de Ley de Zonas Costeras (No. 1468, G.O. Nº 37.349 del 19 de diciembre de 2001), se deben formular planes que orienten la administración de estos territorios, integrando criterios político-administrativos nacionales, estadales y municipales; las características físico-naturales; y sus variables ambientales, socioeconómicas y culturales.
Para VITALIS, la administración, uso y manejo de las playas, y en general de las zonas costeras, debe ser apropiadamente atendida y fortalecida, a fin de optimizar la planificación y coordinación de competencias concurrentes entre los órganos del Poder Público, con la activa participación de la comunidad organizada. “Nada hacemos con que un ente público reconozca la importancia de las playas, sin que el resto de los organismos competentes no cumplen con su parte. Asimismo, nada hacemos si la sociedad se moviliza un día a limpiar las playas, si al día siguiente olvidamos su conservación a perpetuidad, y vuelven a ensuciarse”, señala Díaz Martín.
Más allá de la protección del paisaje, que es importante, VITALIS destaca que la conservación de las playas implica consideraciones técnicas, sociales, económicas, legales y culturales fundamentales. En tal sentido, resalta la importancia de proteger los procesos geomorfológicos que permiten su formación, regeneración y equilibrio; la protección de la diversidad biológica y de los topónimos geográficos originales de sus elementos; y la determinación de las capacidades de uso y de carga, incluidas la industrial, habitacional, turística, recreacional y los esfuerzos de pesca, entre otras.
Asimismo, la ONG venezolana destaca la necesidad de mayor control, corrección y mitigación de las causas generadoras de contaminación, provenientes tanto de fuentes terrestres como acuáticas; la vigilancia y control de las actividades capaces de degradar el ambiente; el tratamiento adecuado de las aguas servidas y efluentes, el aumento de la inversión pública o privada destinada a garantizar su calidad; la protección y conservación de los recursos históricos, culturales, arqueológicos y paleontológicos, incluido el patrimonio arqueológico subacuático; y la recuperación y reordenación de los espacios ocupados por actividades y usos no conformes, entre otros
El Día Mundial de las Playas, como es conocido en Venezuela, forma parte de un esfuerzo internacional promovido por Ocean Conservancy de los Estados Unidos, al que posteriormente se unió la campaña “Limpiemos al Mundo de Australia”. Desde 1989, estos programas fueron “nacionalizados” en Venezuela, incorporándole diversos elementos de participación ciudadana a nivel nacional, con la participación de cientos de grupos no gubernamentales y públicos en todo el país, incorporando inclusive playas de ríos, embalses y otros cuerpos de agua, convirtiéndose en una celebración ambiental de referencia. Desde entonces, el esfuerzo internacional comenzó a denominarse en Venezuela Día Mundial de las Playas y celebrada cada tercer sábado de septiembre, iniciativa coordinada por la ONG venezolana FUDENA, y poco a poco ha sido seguida en otras latitudes, haciendo la experiencia venezolana un modelo a nivel internacional.
]]>Fuente: spaceimagen.com
Diego Díaz Martín, Presidente de VITALIS, manifestó que “Isla de Aves, además de una zona de seguridad y defensa, es también un Refugio de Fauna Silvestre, decretado por el Ejecutivo Nacional en 1.972, dada su importancia como el segundo lugar del Caribe para la nidificación de la tortuga verde ( Chelonia mydas) “. Asimismo, recalcó que “de acuerdo a normas internacionales, la isla tiene una potencialidad económica inigualable, no sólo por el guano que tanto se cotizó a mediados del siglo XX (fertilizante proveniente del excremento de las aves), sino por la presencia de un recurso natural como la tortuga, el cual podría convertirse en una alternativa de manejo sostenible, una vez supere los niveles poblacionales de riesgo”
De acuerdo al Derecho del Mar, ” Isla de Aves no es un islote como algunos países han tratado de hacer creer, pues mantiene una habitación humana permanente, determinada por los miembros del Comando de Guardacostas de la Armada de Venezuela y los investigadores de organizaciones científicas que periódicamente visitan la isla para monitorear las tortugas y las aves residentes y migratorias, que en ciertos momentos del año pueden superar los 100 mil ejemplares”.
Pese a sus 4 hectáreas de superficie, Isla de Aves posee ecosistemas naturales únicos como la barrera coralina que le rodea, además de servir de refugio para alrededor de 500 tortugas marinas que la visitan cada año para desovar.
]]>La industria del Ecoturismo debe ser, en sí misma, una actividad segura en servicios, confiable en información y sostenible en inversión, para que los turistas regresen y no salgan espantados. Si vemos cómo hacemos ecoturismo en Venezuela, no todos pasan esta lupa en su gestión. Ecoturísticamente hablando, no hay supervisión.
Y es que ecoturismo no es armar un morral, comprar un costoso boleto, montarse en un avión de la II Guerra Mundial, alojarse en una barraca hospedada por chipos y demás insectos y recibir información de un guía que ha aprendido de memoria en 2 días lo que a un profesional del turismo o las ciencias ambientales puede haberle tomado entre 3 y 10 años.
Un ecoturismo mal manejado puede ocasionar situaciones irreversibles para los ecosistemas y los recursos naturales. Una mala orientación, por ejemplo, puede hacer que se destruya un coral o una planta que le ha tomado a la naturaleza decenas de años en producir. Además, la sobresaturación de la capacidad de carga de un área silvestre, origina daños a simple vista intangibles, alterando los procesos ecológicos esenciales.
El turismo especializado en áreas naturales o silvestres es lo que suele denominarse ecoturismo, también conocido en algunos países como la “industria sin chimeneas”.
Millones de personas se movilizan año tras año, con el objetivo de estudiar, admirar y disfrutar la naturaleza, sus múltiples expresiones silvestres en plantas, animales y hasta en el acervo cultural de sus pueblos y comunidades autóctonas. Los destinos favoritos comprenden aquellos que ofrecen los ambientes más vírgenes, una singularidad biológica o ecológica como una especie rara o amenazada, o un ecosistema con rasgos geológicos o paisajísticos únicos, como nuestra Gran Sabana y sus Tepuyes o el extraordinario Archipiélago de Los Roques.
Pese a sus potencialidades, el ecoturismo ha sido poco explorado en nuestro país. Pocos son los esfuerzos para apoyar esta industria que puede generar grandes ingresos altamente necesitados por la economía local, regional o nacional, al tiempo que promueve una mayor conciencia de la importancia de la conservación, y nuevos incentivos para que el gobierno y el pueblo conserven sus áreas naturales.
En América Latina, países como Costa Rica, Panamá, Ecuador, México, Brasil y Colombia, ya han comprendido la justa dimensión de esta oportunidad, pues han hecho de esta industria una política de estado, dotando los servicios y la infraestructura mínima necesaria para su crecimiento y desarrollo, y capacitando a sus funcionarios para darle una cálida bienvenida a los turistas, eje central de tal actividad.
El turismo es una industria sin chimeneas, bien manejada, puede alejarnos de una vez por todas de una exclusiva renta petrolera y estadista. Para ello debemos capacitarnos, sincerar nuestras debilidades y fortalezas como receptor turístico, manejar las oportunidades y las amenazas y coordinar efectivamente nuestras acciones con la sociedad. De nada vale una acción aislada cuando el éxito no sólo depende de una organización pública o una empresa privada.
No olvidemos que lo vital en el turismo es el atractivo que moviliza al turista a salir de su lugar habitual de residencia. Si lo destruimos o no lo manejamos correctamente, simplemente, no regresará.
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