En cuanto al origen de los incendios, Díaz Martín señala que es muy difícil, por no decir imposible, que los incendios forestales se puedan producir espontáneamente en las regiones tropicales. Por esta razón alertó a las autoridades a permanecer atentas sobre las causas que determinan su recurrencia en Venezuela, recordando que la “Ley Penal del Ambiente de 2012 en su artículo 65, establece prisión de uno a seis años o multa de un mil a seis mil unidades tributarias, a quienes causen incendios de vegetación natural”. Asimismo, Díaz Martín señala que “sí las áreas incendiadas colindan con bosques que surtan de agua a las poblaciones, la pena será de dos a siete años o multa de dos a siete mil unidades tributarias”.
Dicho de otra manera, dado que la unidad tributaria actual es de Bs. 127, las multas por causar incendios de vegetación pudieran llegar hasta 889 mil bolívares.
El líder de VITALIS también indica que la Ley Penal del Ambiente considera agravantes genéricos y aumentos de penalidad, que pudieran hacer que las sanciones anteriores fueran mayores. En tal sentido, a manera de ejemplo, señala que un Juez pudiera considerar como circunstancias agravantes de la responsabilidad penal cuando tales incendios ocurran en temporada de sequía, o aumento hasta la mitad de la penalidad cuando el delito se cometiere en áreas sometidas a régimen de administración especial, como son los parques nacionales.
Si bien muchos de estos incendios atacan vegetación baja como herbazales, Díaz Martín indica que dependiendo de su conformación físico-natural, “la recuperación de un bosque silvestre puede tardar entre 10 y 70 años, pues los incendios forestales arrastran consigo innumerables consecuencias como la destrucción de la fauna y la flora y su hábitat natural, empobrecimiento y erosión de los suelos, interrupción de los ciclos del agua y del oxígeno, con la correspondiente pérdida de agua para el consumo humano, contaminación atmosférica producto de las fuertes emanaciones, destrucción de la belleza del paisaje y hasta el recalentamiento de la atmósfera por su contribución al efecto invernadero”.
El presidente de la organización no gubernamental VITALIS también resalta la efectiva coordinación de los esfuerzos a nivel de la región capital entre las diversas autoridades competentes y los grupos de voluntarios, pese a los limitados recursos. “INPARQUES merece nuestro reconocimiento por todo el trabajo desplegado junto a las brigadas de voluntarios, bomberos metropolitanos, Guardia Nacional y Protección Civil”. Sin embargo, también reconoce que tal coordinación debe extenderse a otras regiones del país, para lograr respuestas igual o más rápidas, pues es un área que requiere de apropiada dotación de personal y financiamiento, así como de todo el apoyo de la ciudadanía.

RECOMENDACIONES PARA EVITAR INCENDIOS FORESTALES
VITALIS formula una serie de recomendaciones para prevenir los incendios forestales:
1) Respete las rutas y horarios de uso de los parques nacionales. Algunas áreas protegidas como el Parque Nacional Warairarepano (El Avila) tienen restricciones de acceso que deben ser conocidas y respetadas.
2) Notifique inmediatamente a las autoridades cualquier columna de humo o incendio, a través de los números de emergencia como el 171, o aquellos facilitados por las empresas de telefonía celular. También puede usar el número 0800–
3) Antes de reportar un incendio, asegúrese de tener a mano la locación exacta, con referencia de poblados cercanos, y un número de teléfono donde las autoridades puedan ubicarle, en caso de necesitar más información.
4) Nunca queme basura. Tráigala siempre de vuelta a su lugar de origen y deposítela en forma apropiada, y no deje de notificar a las autoridades la existencia de botaderos ilegales que pudieran convertirse en un riesgo para las áreas protegidas, así como para las mismas personas y sus bienes en las zonas adyacentes.
5) No lance colillas de cigarrillos al piso, y mucho menos a la vegetación.
6) En áreas naturales evite encender velas o fogatas, a menos que sea permisado o estrictamente necesario, y esté alejado de la vegetación. En todo caso nunca pierda la vista del fuego, y asegúrese de apagarlo bien al retirarse del lugar.
7) No se arriesgue a combatir un incendio si no es especialista. Comuníquese con los guardaparques y no entorpezca las labores de las autoridades.
8) Esté atento a participar en los programas de reforestación que son promovidos a nivel nacional. Es posible que su ayuda como voluntario sea requerida y necesaria.
Fotos: Archivo VITALIS
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]]>Diego Díaz Martín, Presidente de VITALIS y Jefe de Estudios Ambientales de la UNIMET señaló que existen existen fuertes presiones de invasión por diversos lugares del Parque Nacional, además de los problemas de inseguridad, que han robado tranquilidad en muchas zonas de esta área dedicada a proteger procesos ecológicos esenciales y sus fenómenos evolutivos asociados. Adicional a lo anterior figura la necesidad de contar con mayor inversión en el área protegida, que permita disponer de más guardaparques, así como equipos para la movilización terrestre y aérea, y sistemas de monitoreo, vigilancia y control ambiental en puntos estratégicos del área.
El Parque Nacional Waraira Repano está ubicado en la zona central de la Cordillera de la Costa, al norte de Venezuela, y comprende el área montañosa entre el Mar Caribe y los valles de Caracas, Guatire, Guarenas y Barlovento. A escala político territorial abarca los Estados Vargas (vertiente norte), Distrito Capital (vertiente sur) y Miranda (ambas vertientes al extremo este).
El Parque Nacional fue establecido con el nombre El Avila el 12 de diciembre de 1958 con una superficie inicial de 66.192 hectáreas, ampliado en su superficie a 81.900 hectáreas en 1974. Por Decreto Presidencial cambió su nombre a Parque Nacional Waraira Repano a fin de promover el vínculo cultural de los primeros pobladores indígenas de la región y honrar la herencia histórica aborigen que dio su nombre original.
El Parque Nacional El Avila tiene por objetivo principal conservar un conjunto de paisajes relevantes y representativos de la zona montañosa de la Cordillera de la Costa, mediante el cumplimiento de los siguientes objetivos específicos:
1. Conservar comunidades bióticas representativas de los ecosistemas, bosques secos, húmedo, muy húmedo, de galerías, subpáramo, sabana y espinar costanero.
2. Conservar la biodiversidad y el equilibrio, garantizando la continuidad de los procesos evolutivos, las migraciones animales y el normal flujo de materia y energía entre los ecosistemas presentes.
3. Conservar los Recursos Genéticos de las comunidades naturales y evitar la pérdida de especies de flora y fauna.
4. Conservar los lugares, objetos y tradiciones del patrimonio histórico cultural.
5. Mejorar la calidad de vida de los habitantes de las áreas aledañas al Parque Nacional, así como el de las poblaciones ubicadas en las zonas de uso poblacional autóctonas, a través del flujo de recursos económicos, generados por las actividades que los visitantes del Parque
Nacional realicen, en especial el ecoturismo y el excursionismo.
6. Conservar los paisajes de montaña de gran belleza escénica, que se consideran como monumento natural de la Ciudad de Caracas.
7. Mantener y garantizar los recursos hídricos de todas las cuencas existentes en el Parque Nacional.
8. Proporcionar medios y oportunidades para la investigación científica y la educación.
9. Proporcionar a la colectividad oportunidades para la recreación y el turismo.
10. Velar por el mantenimiento de las buenas condiciones de calidad ambiental en todos sus ecosistemas.
11. Establecer mecanismos de control ambiental para todas las actividades que se realicen dentro del Parque Nacional y que sean susceptibles de degrada su medio natural, así como aquellas externas que puedan perjudicarlo.
La conservación de la Biodiversidad es un asunto de suma importancia para todos los países, en especial aquellos en vías de desarrollo, donde el futuro dependerá del estado, conservación y conocimiento sobre sus recursos naturales. Gran parte de tales esfuerzos se centra en los Parques Nacionales, de allí que su efectiva conservación debe ser, por lo tanto, un objetivo prioritario de los gobiernos y un compromiso compartido de todos los miembros de la sociedad. . De su conservación y manejo adecuado depende, en gran parte los recursos que deleguemos a las futuras generaciones.
Fotografía cortesía de Beatriz Morín.
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El reciente y nuevo debate surgido entre los Palmeros de Chacao e INPARQUES, en torno al acceso al Parque Nacional Waraira Repano (El Ávila) y la cuota de extracción de la Palma Real para su uso en Semana Santa, merece una especial reflexión, esta vez desde la perspectiva del silente recurso centro de la polémica.
La palma real, conocida por los expertos como Ceroxylon spp., comprende tres de las 180 especies de palmas autóctonas de nuestro país, características de los bosques húmedos templados de la Cordillera de la Costa, aunque algunas especies pueden encontrarse en la Cordillera Andina de Venezuela y Colombia.
De acuerdo con Jesús Hoyos y August Braun, en su libro las Palmas Tropicales de Venezuela, estas especies habitan entre los 1500 y 2800 metros sobre el nivel del mar y resaltan en la vegetación montana por ser muy altas, esbeltas y solitarias, oscilando entre los 10 y 30 metros de altura.
Dos son las especies más utilizadas en las ceremonias religiosas de las procesiones del “Domingo de Ramos”: Ceroxylon interruptum y C. klopstockia. Ambas se propagan por semillas que germinan luego de 6 a 13 meses, aunque a veces pueden tardan hasta dos años. Pese a que florecen en un lapso de 4 a 5 años, los expertos señalan que pueden tardar de 60 a 80 años para producir la primera inflorescencia que les garantizaría su proceso de reproducción, base de la perpetuación de la especie.
Año a año, INPARQUES destaca la crítica situación y el manejo insustentable de este recurso, que pudiera agudizarse con los incendios forestales durante la temporada seca -originados en el 99% de los casos por causas humanas -, y que poco a poco han ido transformando la vegetación del Parque Nacional en extensas sabanas que pueden observarse desde muchos lugares de nuestra ciudad.
Por su parte, el Alcalde de Chacao alega que se trata de un tema político, y defiende la tradición de los Palmeros, asegurando que es una práctica sustentable.
Y entonces, ¿Quién tiene la razón?. Probablemente ambos.
Por un lado, INPARQUES está cumpliendo con el mandato que le ha sido delegado por Ley para garantizar el cumplimiento de los objetivos de conservación de un Parque Nacional que ha sido creado para salvaguardar su diversidad biológica y los bienes y servicios asociados. Por el otro, el Alcalde trata de mantener una tradición desde la Colonia, aprovechando un recurso que otrora pudo ser abundante, pero que como toda condición natural finita, su abundancia en la actualidad probablemente no sea la misma, con lo cual se pudiera comprometer seriamente sus posibilidades de sobrevivir.
Ahora bien, ¿a que viene todo esto? ¿Cuál es la solución?.
Considero que las tradiciones forman parte fundamental de nuestros valores y por ende deben ser conservados y perpetuados. Sin embargo, resulta imprescindible e impostergable, unir esfuerzos entre todos los actores, donde la Alcaldía e INPARQUES se sienten juntos a evaluar las evidencias científicas y elaborar un plan de manejo sustentable de este recurso, sin perder de vista la figura de Parque Nacional. En ello deberían participar los mejores expertos en este recurso, incluyendo la asistencia técnica de la Fundación Instituto Botánico de Venezuela, las Escuelas de Biología de nuestras universidades, la Dirección de Biodiversidad del Ministerio del Poder Popular para el Ambiente y del FONACITI del Ministerio del Poder Popular para la Ciencia y Tecnología, este último que bien pudiera apoyar financieramente el proyecto a largo plazo para evitar los “shows” que se repiten año a año, y que pudieran interpretarse como decisiones caprichosas de una de las partes, cuando en realidad toda moneda tiene dos caras.
En tiempos de cuaresma es importante recordar lo que la misma Biblia establece la condición finita de la naturaleza y sus bondades en el Libro de Eclesiastés en su Capítulo III. “Todas las cosas tienen su tiempo y todo lo que hay debajo del cielo pasa en el término que se le ha prescrito. Hay tiempo de nacer y tiempo de morir, tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo que se plantó; tiempo de muerte y tiempo de vida, tiempo de derribar y tiempo de edificar”.
Bendita sea la palma bendita, y bendita sea nuestra capacidad para unir en vez de desunir, dialogar en vez de polemizar.
Diego Díaz Martín
Presidente de VITALIS
ddiazmartin@vitalis.net
Twitter: @DDiazMartin