(*) Por Cecilia Gómez Miliani
En un mundo marcado por crisis ecológicas y desigualdades estructurales, la educación ambiental emerge como una herramienta poderosa para transformar conciencias, prácticas y sistemas. Sin embargo, no basta con enseñar a cuidar el planeta: también debemos cuestionar los roles tradicionales de género, visibilizar las brechas y construir liderazgos inclusivos en el camino hacia un futuro sostenible.
El cambio climático, la pérdida de biodiversidad o la escasez de agua no afectan a todas las personas por igual. Según ONU Mujeres, el 80% de las personas desplazadas por el cambio climático son mujeres y niñas. Esta cifra refleja una realidad profunda: los impactos ambientales amplifican las desigualdades preexistentes y golpean con mayor fuerza a quienes tienen menor acceso a recursos, toma de decisiones y protección legal.
Entre algunos datos que nos invitan a actuar podemos destacar:
Frente a esta realidad, la educación ambiental con perspectiva de género no es un complemento opcional; es un componente esencial para que la sostenibilidad sea justa y efectiva.
La educación ambiental tradicional ha estado enfocada en buenas prácticas individuales: reducir residuos, reciclar, conservar el agua. Pero una educación ambiental transformadora va más allá. Integra enfoques críticos que permiten:
Un estudio del PNUD (2022) sobre género y cambio climático en América Latina señala que “las mujeres tienen menos acceso a recursos productivos, pero suelen adoptar prácticas más sostenibles y están más dispuestas a participar en iniciativas comunitarias ambientales si se les brinda apoyo”.
De hecho, la historia ambiental está llena de mujeres que han marcado la diferencia: Desde Wangari Maathai, Nobel de la Paz y fundadora del Movimiento Cinturón Verde en Kenia, hasta Berta Cáceres, defensora indígena hondureña asesinada por proteger el río Gualcarque. Hoy, miles de jóvenes como Greta Thunberg o la ecuatoriana Nina Gualinga siguen alzando la voz por una justicia climática que también es de género.
Incorporar esta perspectiva implica revisar contenidos, metodologías y formas de enseñanza. Algunas claves incluyen:
Para avanzar hacia una educación ambiental transformadora, los Estados y las organizaciones de la sociedad civil deben:
La sostenibilidad no se logra solo con paneles solares o reciclaje, se logra cuando reconocemos que no puede haber justicia ambiental sin justicia de género. Integrar esta mirada en la educación es una semilla poderosa para cambiar el mundo desde sus raíces.
Desde Vitalis, creemos que el futuro sostenible será inclusivo, equitativo y liderado por una ciudadanía empoderada, crítica y diversa.
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(*) Ingeniero de los Recursos Naturales Renovables, Magister en Gerencia Ambiental y Especialista en Diseño de Acciones formativas en Línea. Directora de Vitalis Academy. https://bit.ly/CeciliaGómezLinkedin
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