Por Lía Silva Muñoz (*)
La biodiversidad es la variedad de especies vegetales, animales, hongos y otros organismos, además de las áreas y ecosistemas donde estos seres vivos habitan. Su manejo y conservación suele realizarse dentro de las áreas donde habita (in situ) o fuera de ellas (ex situ).
En el caso de la vegetación y la flora en general, su conservación ex situ puede promoverse por medio de jardines botánicos en donde se coleccionan plantas nativas, especies con potencial económico o de uso medicinal, así como especies que se encuentran amenazadas. Otra de las técnicas de conservación ex situ son los bancos de genes en campo, usados principalmente para especies maderables en grandes plantaciones a campo abierto para mantener su diversidad genética.
Los bancos de germoplasma también constituyen una exitosa técnica para la conservación ex situ donde se asegura la viabilidad de las semillas a mediano y largo plazo (10 a 20 años), bajo condiciones controladas de humedad y temperatura. El cultivo especializado en ambientes controlados es otra de las tecnologías usadas, y consiste en el cultivo de plantas tropicales o medicinales en invernaderos.
Existen además los laboratorios de cultivo de tejido, donde se llevan a cabo un conjunto de técnicas para almacenar de forma in vitro células o tejidos vegetales, y conservarlos lo más próximo a sus propiedades in vivo.
En cuanto a la conservación ex situ de la fauna, los zoológicos son los más populares a nivel mundial. En ellos se encuentran colecciones de animales de especies endémicas, amenazadas o en peligro de extinción, adecuando sus áreas lo más similar posible a su hábitat natural, apoyando el desarrollo de la investigación y conservación de las especies que resguardan, con el fin de aumentar su población y buscar su posible reinserción a sus hábitats.
Otra de las instalaciones más usadas para la conservación ex situ son los acuarios, para proteger especies acuáticas, así como la educación ambiental y la recreación de sus visitantes.
Además, existen los bancos de genes, en donde se resguarda material genético de espermatozoides, óvulos y embriones bajo ambientes controlados de humedad y temperatura, para posteriormente recurrir a la reproducción asistida.
México ha desarrollado diferentes proyectos para promover la conservación ex situ, y cuenta con diferentes bancos de germoplasma, entre los que destacan el Centro Nacional de Recursos Genéticos de la Secretaria de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA), que resguarda semillas de especies nativas de México. Asimismo, existe el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT), que promueve la investigación sobre la biodiversidad y la seguridad alimentaria.
De igual forma, en Chiapas existe un zoológico considerado como uno de los mejores a nivel Latinoamérica, en el que se resguarda únicamente fauna del estado. El ZooMat, localizado al sur de Tuxtla Gutiérrez, abarca 100 hectáreas de selva semi-húmeda, por lo que tiene una gran riqueza en biodiversidad de flora y fauna.
La conservación ex situ de la biodiversidad merece ser más conocida y valorada.
(*) Ing. Agroinsdustrial, (lia21lva@gmail.com)
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Actualmente en la mayoría de las grandes ciudades existe un jardín botánico como un espacio destinado a mostrarle al hombre las maravillas del mundo vegetal. Aunque en muchas ocasiones son considerados como lugares donde solo tienen cabida los científicos y los nombres impronunciables, cada vez es mayor la cantidad de estas instituciones que han entendido que la educación es una de sus funciones fundamentales y que para ello es necesario abrir sus puertas a todo el público que desee acercarse.
El surgimiento de los primeros jardines botánicos se remonta a 2.800 años antes de Cristo, cuando el emperador Sheng Ming, en China, disponía de jardines donde se cultivaban plantas con fines medicinales, económicos y recreativos. En Europa, durante el siglo XVI, los jardines botánicos se establecieron primordialmente para abastecer de materia prima a los médicos y farmaceutas de la época, así como para la enseñanza de las ciencias, especialmente la botánica.
Posteriormente, con la expansión colonial de Europa hacia América, estas organizaciones fueron partícipes de la introducción e intercambio de especies entre los diferentes países de ambos continentes. Para inicios de los años ´90 las funciones de los jardines botánicos se ampliaron a cuatro grandes aspectos: conservación, investigación, reintroducción de especies y educación, resaltándose que no puede considerarse como jardín botánico aquel espacio que no mantenga un contacto permanente con el público.
En vista del incremento de los movimientos de la población hacia los ambientes urbanos, los jardines botánicos juegan un rol fundamental en la educación y difusión del conocimiento sobre las especies vegetales ya que representan, en muchos casos, la única oportunidad que tienen los habitantes de las ciudades de visitar un espacio natural o seminatural como el que se puede apreciar dentro de ellos. Estas organizaciones se constituyen así en uno de los puentes que contribuirían a evitar que la población continúe aislada e inconsciente del riesgo que significa el impacto de sus actividades sobre el ambiente.
Se estima que, anualmente, más de 150 millones de personas visitan los jardines botánicos del mundo, constituyéndose así en lugares con un gran potencial turístico que se hace necesario aprovechar. En este sentido los jardines botánicos deben incorporar dentro de sus labores de conservación y mantenimiento de especies vegetales, a aquellas actividades que les permitan llegar a un público creciente que demanda información sobre las plantas allí mantenidas y sobre su conservación, así como de lo que pueden hacer para colaborar. Igualmente deben sumar esfuerzos para atraer a aquellos que no visitan estos espacios.
Para ellp los jardines botánicos deben, en primer lugar, desarrollar una fuerte estrategia de marketing que las haga capaces de comunicar más efectivamente el papel que cumplen dentro de la sociedad, así como identificar los públicos a los cuales deben dirigir su trabajo.
En este sentido las diversas actividades que pueden desarrollarse deben estar encaminadas principalmente a despertar el interés de las personas, tratando en lo posible de involucrarlas con el trabajo conservacionista que cumple el jardín botánico.
Para ello se puede, entre muchas otras:
– Desarrollar y promover a los jardines botánicos como centros de educación ambiental para las escuelas a través de la colaboración con los docentes para que dicten sus clases en el jardín, estableciendo lugares de acceso especial para los niños.
– Implementar actividades dirigidas a las comunidades aledañas al jardín a fin de dar a conocer lo que se hace internamente, por qué es importante su labor y qué puede hacer la comunidad para ayudar.
– Elaborar publicaciones periódicas informativas las cuales pueden ser vendidas para recaudar fondos para los proyectos que se desarrollan dentro del jardín.
– Identificar los temas relevantes para las agendas de conservación locales a fin de incorporarlos dentro de las actividades que se realicen internamente.
– Mantener información en los medios de comunicación que permita captar el interés de la comunidad local y nacional por las actividades emprendidas dentro del jardín.
Los jardines botánicos no deben seguir considerándose como islas dentro de las ciudades. Su labor debe ser aprovechada no solo para la conservación de las especies que albergan, ni para desarrollar investigaciones sobre su comportamiento o reproducción. Estos deben constituirse en espacios de acceso público donde las personas internalicen lo importante que son las plantas en su vida diaria, lo que sucede si no son protegidas, el papel que pueden jugar en su permanencia en el tiempo. Los jardines botánicos pueden conjugar perfectamente turismo y conservación.
Dra. Cecilia Gómez Miliani
Directora del Capítulo Barinas de VITALIS (cgomez@vitalis.net) y Profesora dela UNELLEZ