Por Lic. Hugo Flores (*)
Sin integridad y transparencia no se puede reforzar la confianza de la ciudadanía en lo público, en sus representantes y grupos de interés. La importancia debe estar siempre en el lado de la integridad (aspecto sustantivo) y complementariamente de la transparencia (carácter instrumental en la rendición de cuentas de actividades, resultados y remuneración de los servidores públicos y dependencias).
Las crisis económicas y la pobreza son consecuencia de la falta de oportunidades, así como la pérdida de confianza política debido a la eterna cultura de la corrupción en los pueblos latinoamericanos producto de políticas mal encausadas.
Países como Brasil, México, Chile, Argentina, España e Italia, entre otros, destacan en los primeros lugares de baja credibilidad del gobierno por actos de corrupción, rapiña, desmantelamiento de Instituciones y poca o nula transparencia en sus actividades. En ese sentido, La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) puede ilustrar apenas en una parte aproximada a la realidad de la distancia entre la verdad y congruencia de los gobernantes y sus prácticas.
La ética institucional estriba en la tendencia dicotómica. La buena o mala ética pública es un espejo en el que se mira la ciudadanía, impregna e influye en la sociedad, replica sus valores y conductas. La integridad institucional ha despertado conforme la corrupción se hacía más presente en el espacio público, como mecanismo reactivo y semillero de los vicios en Instituciones corruptas, dictatoriales y/o populistas. Rendición de cuentas y auditorias son imperativas en la función pública, así como prevenir y consolidar mecanismos internos anti-corrupción.
La participación ciudadana y el cabildeo entre los grupos de interés en las cámaras legislativas deben ser incluyentes y sin tráfico de influencias o compadrazgos.
Quienes dirigen o gestionan nuestros asuntos públicos son parte de esa estructura social y trasladan sus valores al ejercicio de su actividad.
Nos gusta escandalizarnos de los políticos que tenemos, sin embargo, nunca nos sorprendemos de nuestra baja calidad moral en nuestras acciones cotidianas en la familia, en el trabajo, con la sociedad y nosotros mismos.
No puede haber políticos íntegros moralmente o políticos transparentes en su totalidad cuando la sociedad no ha interiorizado esos valores.
(*) Licenciado en Administración por la UNAM y Especialidad en Política y Gestión Energética y Medioambiental en FLACSO sede México. huggoflores.hf@gmail.com
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Por Rosángela Blanco Rodríguez (*). @RosangelaBlanco
Desde la perspectiva de la población mundial en general, puede ser que los aspectos medioambientales no tengan relación alguna con lo financiero, que estén completamente asilados de la economía o que incluso lo vean como algo en lo que se “gasta” mucho dinero.
Quizás a la mayoría de las personas les molestará esforzarse en cambiar su estilo de vida, sus paradigmas, para generar nuevos hábitos que los lleven a una armonía con el ambiente. Tal vez, considerarán que es costosa cualquier modificación en la rutina diaria para favorecer nuestro entorno.
Sin embargo, basándonos en la definición del Desarrollo Sustentable, es algo a lo que todos queremos llegar, entendiendo que el ambiente, la economía y lo social deben estar íntimamente relacionados, en equilibro para que las sociedades progresen como debe ser. En función de eso, muchos organismos y estados en todo el planeta están trabajando para acercarse al tan anhelado desarrollo.
En este sentido, Colombia ha dado un paso importante a través del acuerdo que define la Agenda de Cooperación entre el Gobierno Nacional y el Sector Financiero Colombiano. Dicho convenio está cimentado principalmente en la protección del medio ambiente como un esfuerzo conjunto entre los organismos públicos y privados, lo cual se estipula en la Declaración de Río de Janeiro, de 1992; la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas, del 2000, y la Cumbre de la Tierra de Johannesburgo, de 2002.
A través de este Protocolo Verde, como ha sido denominado, se acuerdan una serie de estrategias que buscan el desarrollo sustentable a través de la responsabilidad ambiental, sin comprometer los intereses de las futuras generaciones.
Estos acuerdos incluyen la facilidad de crédito y/o inversión para promover el uso sostenible de los recursos naturales renovables y la protección del medio ambiente, además de impulsar en sus procesos internos el consumo sostenible. Como tercera estrategia, procura considerar en los análisis de crédito e inversión, y los impactos y costos ambientales y sociales de los proyectos a financiar.
Esta alianza seguramente permitirá, entre otras cosas, apoyar el compromiso al que ha llegado Colombia a nivel internacional, de reducir en 20% las emisiones de gases de efecto invernadero para el año 2030, así como muchas otras metas del país en materia ambiental.
Con estas acciones se demuestra que sí es posible tomar en cuenta los elementos fundamentales para el desarrollo de una nación y del mundo entero, desde la silla de un político o desde la oficina de un banquero. Igualmente, demuestra que si se puede trabajar en equipo con todos los integrantes de las distintas sociedades para lograr la calidad de vida que cada ciudadano se merece.
Ahora falta que todos podamos estar enterados e involucrados en estas acciones para que realmente sean efectivas y permitan generar y vivir el cambio.
(*) Educadora y Especialista en Gestión Ambiental. Presidenta de VITALIS Colombia.
Imagen cortesía de Rosángela Blanco, Municipio Fosca – Departamento de Cundinamarca, Colombia.
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Crisóforo Mecinas Cruz (*)
Durante los últimos 50 años, la población mundial se ha multiplicado considerablemente planteando una serie de retos para las ciudades. Solo para tener una idea, en 2012 se generaban 1,300 millones de toneladas anuales de residuos en el mundo y se espera que para 2025 la cifra aumente a 2,200 millones de toneladas.
A medida que se ha incrementado el volumen de residuos, también ha aumentado el tiempo requerido para su degradación, como es el caso de las bolsas plásticas y de muchos equipos electrónicos, los cuales representan un riesgo al medio ambiente. Estos materiales contienen componentes tóxicos que requieren un proceso especializado para su recolección, disposición y tratamiento.
En muchas ciudades la disposición de residuos se continúa realizando al aire libre o mediante la quema indiscriminada de los mismos, lo que ha ocasionado la contaminación del suelo, los ríos e inclusive los océanos, al ser vertidos directamente en ellos. Por ello requerimos llevar a cabo una gestión integral de los residuos mediante la implementación sistemática de acciones para su manejo, incluyendo normativas, operativas, financieras, de planeación, sociales, educativas, y de monitoreo, entre otras.
Tales acciones comprenden todo su ciclo, desde su generación hasta la disposición y tratamiento final, con el objeto de lograr beneficios ambientales, y la optimización económica de su manejo y su aceptación social, conforme a las circunstancias de cada localidad o región. Lo anterior es parte de la responsabilidad conjunta entre productores, distribuidores, consumidores y de los gobiernos, entre otros actores.
Nuestro papel como consumidores debe enfocarse en tres principios básicos para disminuir la producción de residuos y reducir su impacto en el medio ambiente. El primero es la reducción, evitando el consumo de productos que generen mayores residuos, como es el caso del agua y de los refrescos que vienen en botellas de pet, así como productos cuya vida útil sea muy corta, como en el caso de algunos aparatos electrónicos. El segundo es la reutilización, eligiendo aquellos cuyo envase podamos volver a utilizar como contenedores o materias primas en otro proceso. El tercero es el reciclado, para lo cual hay que revisar sus características y separarlos desde la fuente para facilitar dicho proceso.
Mediante estas acciones podemos empezar a reducir el daño que nuestros residuos causan al ambiente debido a la contaminación del suelo, del agua o del aire. No olvidemos que cada acción cuenta y si las sumamos para resolver el complejo problema de los residuos, podemos ayudar a su solución.
(*) Ingeniero Civil, cmecinas@hotmail.com
Fuente de la imagen de basura: Diario El Argentino.
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Por Dra. Carelia Hidalgo (*)
Sin dudas desde hace cuatro décadas el asunto ambiental ha formado parte de la agenda política nacional, con sus propios procesos epistémicos evolutivos que ha asumido históricamente esta temática. Lamentablemente hoy sin sustentaciones teóricas claras sobre educación ambiental, concepciones ambientales reduccionistas y erradas; se tomas decisiones políticas que se visualizan como acciones en contra de la lucha ambiental venezolana, refiriendo esto por la actual decisión de fusión ministerial Ambiente con Vivienda y Hábitat, agregando un llamado ¿ecosocialismo?.
Desde la formación de una Constituyente Ambiental que pretende crear agendas decisorias con las mismas debilidades antes mencionadas, se podía presuponer que lo que venía no era lo mejor para el ambiente venezolano, entendido este como sistema con relación interdependiente entre los elementos naturales y sociales en la construcción de sociedades con calidad de vida transgeneracional.
Se puede entender esta circunstancia desde el reduccionismo conceptual de ambiente, que se evidencia en diferentes espacios sociales, y lamentablemente aun en el sector educativo. El propio marco legal ambiental venezolano muestra la despreocupación en mostrar el ambiente desde la complejidad que representa, fraccionando y atomizando el contenido ambiental perdiendo la esencia en la aplicabilidad de la ley; como ejemplo: Una Ley de Diversidad Biológica (2008) y una Ley de Bosques (2013), una con fuerte visión biocéntrica y otra mercantilista respectivamente; igualmente se evidencia el uso de la palabra ambiente en el ámbito laboral, como espacio de ocupación en actividades de trabajo; en la Ley Orgánica de los Consejos Comunales (2009), se entiende desde una visión naturalista, marginada únicamente a los grupos indígenas; en otras leyes es presentado en su mínima o nula expresión.
El mismo Plan de la Nación (2013-2017) muestra un reduccionismo de la dimensión ambiental, diciendo “Contribuir con la preservación de la vida en el planeta y la salvación de la especie humana” se evidencia una concepción biocéntrica, nunca ecocéntrica como está planteado en el discurso ambiental mundial, sumado a una evidencia antropocéntrica que contrarresta el primer enunciado. Termina concretando 7 políticas, de las cuales 3 se centran el recurso agua, 2 en sensibilidad ambiental (educación), una en asuntos económicos (con ambigüedad discursiva en el desarrollo esperado: sostenible, sustentable o “ecosocialismo”); y por último una referida a los “desechos sólidos”, que según los conceptos bien usados debía incluir residuos. Pare de contar la cantidad de incongruencias en una Nación sin ética ambiental por una dependencia petrolera que aporta al deterior ambiental mundial, haciéndonos dependientes económicos de un recurso natural nada sostenible para el planeta.
Por otra parte se evidencia la desvalorización del conocimiento ambiental y gerencial; hemos visto estos últimos años ocupando cargos ambientales en diferentes organismos gubernamentales a personas sin las competencias adecuadas para asegurar una gestión ambiental eficiente. Tenemos fortalezas como país, por contar con educación profesional en ambiente; egresan profesionales en diferentes niveles académicos con competencias ambientales que podrían ocupar los cargos.
Los que trabajamos en los asuntos ambientales, desde hace años hemos visto el deterioro del Ministerio del Ambiente, por la falta de concreción en las funciones que le compete, el desmantelamiento de sus fuentes de información e inutilidad de sus laboratorios. Lamentablemente se han limitado a cumplir órdenes de popularización desde acciones aisladas con poca efectividad; y no en accionar la trascendencia que se espera de ellos, participando en la toma de decisiones para incorporar la dimensión ambiental en los planes de desarrollo del país.
Recordemos que el Ministerio del Ambiente venezolano representó un referente histórico para América Latina (1976), por su creación y solides conceptual inicial. Mientras muchos otros países latinoamericanos por años trataron al ambiente marginalmente, en fusión con otros estamentos decisorios, luego llegaron a darle el valor debido. Hoy nosotros retrocedemos.
Da vergüenza que hoy atropellen al ambiente desde una concepción política ideológica que también tiene antecedentes nefastos en el deterioro ambiental, como señala Gorbachov en su famoso libro la Perestroika, la destrucción de la ex unión soviética en nombre del comunismo. Nos insultan desde la diversidad cultural que incluye las diferencias ideológicas, realmente creen ¿qué el ambiente tiene una única posición en este sentido?. El planeta es un sistema complejo con toda la diversidad incluyente y complementaria, como dice Morín: dialógico donde se debaten las contradicciones; recursivo porque todo lo que se hace terminará teniendo consecuencias en diversos sentidos; y hologramático porque aun cuando quieran ver el ambiente como una parte de la realidad nacional, estará siempre en todo y en todos.
Qué podemos esperar de un cambio ministerial más, sino gasto de los recursos del Estado y más retraso en el cumplimiento de las funciones que ameritan atención urgente ¿Asegurar jardines bonitos y potes de basura en las viviendas? Imagino el sufrimiento, de tantos profesionales del Ministerio del Ambiente de alta formación, por estas inapropiadas decisiones políticas.
(*) Docente Universitaria_UCLA – Comisión de Ambiente. Miembro del Comité Coordinador de la Red de Universidades por el Ambiente
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Por Ing. Vladimir Valera (vvalera@vitalis.net). Director de Ecoeficiencia y Producción Limpia de VITALIS. Profesor de las Universidades Metropolitana y Simón Bolívar.
Son evidentes los beneficios ambientales y socioeconómicos que trae consigo el reciclaje de diferentes tipos de materiales, sin embargo pensar únicamente en él como estrategia para disminuir o evitar los impactos de la generación de residuos y desechos es un error total. La estrategia debe ser pensar primero en los mecanismos para reducir la generación de residuos y desechos, tanto a nivel de productor como a nivel de consumidor. Lamentablemente lo que observamos a diario son acciones tendentes únicamente al reciclaje, que como toda actividad humana, y dependiendo de las condiciones de cómo se realice, también puede tener sus impactos, como un mayor consumo energético, generación de otros contaminantes como dioxinas y furanos, o afectación de la salud de las personas ante la exposición a materiales peligrosos, solo por mencionar algunos efectos negativos.
Lo anterior es preocupante en un país como Venezuela, donde no existen políticas gubernamentales y metas claras a mediano y largo plazo, sobre la reducción de desechos y reciclaje de materiales, y donde las capacidades de las empresas que se dedican al reciclaje son bajas en comparación a la generación de desechos. Lo anterior ocasiona que muchos proyectos e iniciativas de reciclaje en el país no sean sustentables en el tiempo por falta de mercado. Esto nos debe hacer reflexionar sobre lo que debemos hacer y es pensar de manera integral, partiendo de la reducción de desechos, la recuperación de lo que irremediablemente se genere, su reuso o reciclaje.
Otra equivocación que generalmente se comete al hablar de reciclaje es pensar que todo lo que las personas realizan es reciclaje, y esto se debe aclarar. El reciclaje comprende procesos de transformación físicos y/o químicos de los materiales, que luego pueden dar origen, a través de otros procesos productivos, a bienes similares o distintos que los originales.
Es claro que para poder llegar al reciclaje, primero se debe pasar por los procesos de segregación, almacenamiento y recuperación de los residuos, actividades que realizan el común de las personas, pero que no necesariamente conduce a un reciclaje, ya que está la opción del reuso, es decir, utilizar nuevamente el residuo manteniendo su condiciones físicas originales, como por ejemplo, un envase de vidrio, o la recuperación de energía de los materiales a través de procesos como incineración, uso de biodigestores, entre otros.
Aún cuando en Venezuela no hay cifras oficiales sobre generación, composición y reciclaje de residuos y desechos, a pesar de unas cuantas iniciativas puntuales que se ha desarrollado de estimaciones de datos, no es temerario indicar en el país, siendo muy optimistas, se recupera, reusa o recicla menos de un 15% de los residuos que se generan a diario. Lo anterior nos sitúa en un contexto mucho más claro de la situación del reciclaje en Venezuela.
¿Qué necesitamos para mejorar el reciclaje o reuso de materiales en Venezuela?
Son muchos aspectos que estamos pendientes por resolver, sin embargo aquí se mencionan algunos pero sin intenciones de ser limitativos:
Twitter: @valeram
Más info sobre reciclaje en: www.vitalis.net
[youtube http://www.youtube.com/watch?v=79tGnxU3dfY&w=420&h=315]
]]>Venezuela es uno de los países latinoamericanos con riqueza petrolera abundante, lo cual ha servido para desarrollar toda nuestra economía y aumentar la calidad de vida de los ciudadanos, no obstante, estas actividades provocan daños ambientales, que en la mayoría de los casos son irreversibles desde la perspectiva ecológica y ambiental.
Sabemos que la naturaleza tiene un proceso de regeneración natural, y que las capas de permeabilización hacen su trabajo de efecto tamponado, la cual se ve saturada cuando se habla de derrames a causa de hidrocarburos, en especial de crudo pesado, tal como sucedió el día 4 de febrero de 2012, con el rompimiento de una tubería del Complejo Operacional Jusepín, ubicado en el Norte del estado Monagas. En esta instalación se realiza el tratamiento y almacenamiento del petróleo proveniente en su mayor parte del campo El Furrial, ocasionando un derrame petrolero de gran magnitud, que supuestamente abarcó aproximadamente alrededor de 140 kilómetros y desembocó en las aguas del rio Guarapiche, una de las principales fuentes de agua de la ciudad de Maturín.
La empresa estatal Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA) parece haber actuado de manera tardía, pues pasadas 21 horas de ocurrido el accidente, empezaron de manera artesanal a promover barreras para contener el derrame, con apoyo de personas sumergidas en el rio carentes de equipos adecuados para protegerse del contacto dérmico del crudo, exponiendo la salud de estos colaboradores, quienes se apoyaban con tobos y objetos domésticos tratando de paliar el vertido, en lugar de activar inmediatamente un plan de contingencia para evitar mayores daños ambientales, tal como establecen los protocolos de seguridad ambiental de las empresas petroleras en estos casos.
Esta falta de acción oportuna, permitió que un gran volumen de petróleo (extraoficialmente se habla de 60 mil barriles) contaminara el río Guarapiche, el cual alimenta a la planta de tratamiento que suministra el agua potable a la población de Maturín, lo que originó el cierre inmediato de la misma, dejando sin agua a aproximadamente el 60 % de los habitantes de la capital del estado Monagas y obligando a las autoridades a tomar acciones por el accidente causado.
Lamentablemente la información oficial ha sido débil, precaria, desordenada y hasta algo contradictoria, al no evidenciarse una implementación clara para corregir la situación.
Preocupa y sorprende la posible falta de responsabilidad estatal por los daños al ambiente y a la población monaguense, entendiendo que suelo, subsuelos y acuíferos, se encuentran en flagrante e incalculables daños de difícil reversión, sumado esto a que el rio Guarapiche exhibe un reservorio de manglares de una rica fuente de biodiversidad, amén de las consecuencias que conllevan la actividad económica que representa para sus pobladores.
Este accidente, se une a los dos (2) ocurridos en lo que va del año en el estado Monagas: el derrame de petróleo en la zona de La Pica y la explosión del taladro CPV 15, sin daños humanos que lamentar, pero con un impacto devastador del ambiente.
VITALIS exhorta a la empresa estatal a iniciar las acciones conducentes para:
Esperamos confiados en que este incidente sirva de experiencia para evitar en el futuro daños ambientales de esta magnitud, pues cada derrame deja una huella que afecta el entorno ambiental y ecológico, poniendo en peligro la vida de las especies, de la cual no escapan las generaciones actuales y futuras.
(*) Directora de Derecho Ambiental de VITALIS
Profesora de la USM y la UNIMET
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Un error de traducción pudo ser la causa del mal uso en español del anglicismo “Environment”, cuya equivalencia más aceptada suele ser Medio o Ambiente, y no necesariamente ambas palabras juntas.
Pese a esta equivocación lingüística, su utilización es amplia en toda la región hispano parlante, con algunas excepciones en países como Venezuela, donde poco a poco se ha sustituido el binomio en casi todo el marco jurídico vigente por la única denominación de “ambiente”.
La verdad es que medio y ambiente, suelen usarse como sinónimos, pero no lo son, aunque uno incluye al otro, y por lo tanto, la composición es redundante.
Por “medio” entendemos el sustrato físico o natural en el cual se desenvuelve la vida, o donde ocurren diversos procesos ecológicos esenciales entre factores bióticos (seres vivos) y los abióticos (elementos sin vida como los minerales). De allí que usualmente el medio se refiere al agua, el aire o el suelo.
Por “ambiente” entendemos, en líneas generales, el conjunto de elementos naturales y sociales, relacionados e interdependientes, en un lugar y tiempo determinado, que en forma directa influyen a todos los seres vivos, y que por supuesto, incluye al medio físico, sea éste acuático, aéreo o terrestre.
Por lo anterior, antes de volver a decir “Medio Ambiente”, piénselo dos veces e imagínese como suena el decir: Un vehículo azul azulado, o un círculo redondo. Lo correcto, es Ambiente.
Por Diego Díaz Martín
Presidente de VITALIS
@DDiazMartin
Gracias al avance de la tecnología y a la globalización, el mundo de hoy es uno mucho más dinámico que el teníamos hace 10 años. La web 1.0 sigue funcionando, pero poco a poco ha sido sustituida por la 2.0, que incluye no sólo las páginas web, sino también Facebook, Twitter y demás herramientas que permiten acercarnos a personas con las que jamás imaginamos comunicarnos, estando entre los primeros lugares de consumo comunicacional masivo.
Si bien la televisión, la radio, los periódicos, y demás medios convencionales, aún no han dejado de funcionar, han tenido que adaptarse a las nuevas tecnologías para poder seguir presentes en la mente del consumidor.
No es algo usual que miles de revistas y periódicos en el mundo anuncien que sus ventas han disminuido por la creciente demanda de contenidos a través de Internet, y prevean que dentro de algunos años mudarían todo su aparataje a la web. La razón es simple: la web 2.0 será el primer medio de consumo mundial.
En mi primer semestre de Comunicación Social, me dijeron una cosa que (espero) jamás se me olvide: “Una marca que no esté en Twitter o Facebook, dejará de existir”, y creo que el profesor estaba en lo correcto. Si una compañía u ONG no genera un vínculo directo con su público, miembros y consumidores, respondiéndole de manera eficaz, comunicándole los productos que se ofrecen, informándole del estado de la institución, y promocionándole la marca, éstos buscarán una empresa a la que sientan “más cercana”, que pueda responder a sus necesidades, y que los tome en cuenta.
Para que tengan una idea, Twitter tiene hoy en día 200 millones de usuarios en todo el mundo, de los cuales más de 2 millones están en Venezuela. Por su parte Facebook posee 500 millones de usuarios en cientos de países, números que hablan por sí solos, sobre su alcance a nivel global.
A este movimiento se han tenido que amoldar marcas de toda índole, desde una juguetería, hasta el más grande banco de un país, incluyendo a las Organizaciones No Gubernamentales (ONG), que han encontrado un aliado perfecto dentro de este nuevo medio de comunicación.
El factor principal que incide en la penetración web dentro de las ONG, es que es un mecanismo comunicacional gratuito; no se debe pagar nada por autopromocionarse dentro de las redes sociales, teniendo la posibilidad de llegarle a millones de personas en todo el mundo.
Las ONG necesitan difundir su mensaje a través de cualquier medio que les puedan ofrecer, y en un país en el que la fuente política acapara la gran mayoría de los noticieros, se deben buscar alternativas. Es por ello que cada vez vemos más organizaciones sumadas a Flickr, Facebook, Twitter, WordPress y LinkedIn, entre otras, que permiten publicar su mensaje cada vez que lo deseen, a un público interesado en los temas que se abordan.
El impacto ha sido inmediato, y muchas organizaciones se han visto beneficiadas, económica y socialmente, gracias a los esfuerzos que realizan en redes sociales, como por ejemplo en la captación de nuevos miembros, contacto con nuevas empresas y patrocinantes, adquisición de nuevos trabajadores, voluntarios y pasantes, así como la elevación de producción de contenidos.
Las redes sociales traen consigo un valor incalculable y una nueva manera de ver la comunicación social. En todo este proceso, sin duda, el ganador es el ciudadano normal y corriente, que es tomado en cuenta como un ser importante dentro de un proceso comunicacional y que se beneficia de las informaciones, publicidades y contenidos que tiene a la palma de su mano, en cualquier momento del día.
Las ONG deben procurar y ganar su espacio en la web 2.0 si quieren fortalecer el cumplimiento de su misión. La web 2.0 está lista para ayudarle. Depende de cada una hacerlo, o no.
Diego Gabriel Díaz Giammarino
Coordinador de Comunicaciones Electrónicas
VITALIS
Los lamentables acontecimientos de Japón nos recuerdan cuán vulnerables somos ante los desarrollos nucleares, que sin negar algunos beneficios con aplicaciones en campos como la generación de energía eléctrica y la salud, también representan grandes riesgos para la humanidad.
Vienen a mi memoria el accidente de Chernobyl (Ucrania, 1988), los genocidios nucleares en Hiroshima y Nagasaki (Japón, 1945) y el hundimiento del submarino K-219 (1986), entre otros, cuyos momentos podemos resumir con palabras como desasosiego, inseguridad, contaminación y muerte.
Considerada por algunos como “la mejor energía limpia que existe”, en mi opinión personal y profesional, un sistema que produce desechos radiactivos de difícil tratamiento y disposición final, y que además pueden pasar varias generaciones con efectos negativos sobre las personas y el resto de los seres vivos, no puede ser limpia, y por el contrario, tiene su conciencia sucia. Además, no olvidemos que un reactor nuclear tiene un tiempo de vida entre 30 y 40 años, y luego se transforma en un desecho de muy difícil manejo, que debe esperar alrededor de 100 años para que los niveles de radiactividad bajen y pueda ser desmantelado.
Con tanto potencial para producir energía eléctrica gracias al movimiento natural de las masas de aire (eólico), del mar (undimotriz, submarino y maremotriz), y la bien conocida solar, la verdad no entiendo porque algunas naciones se empeñan en optar por la energía nuclear, que pudiera ser más barata en el corto plazo, como algunos especialistas han sugerido, pero cuyos pasivos ambientales y costos a mediano y largo plazo de remediación, descontaminación y confinamiento, superan cualquier otro tipo de sistema de producción de energía a mediano y largo plazo.
De acuerdo con el escritor Portugués, José Saramago, somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos. Sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir.
Quien pretenda olvidar los hechos ocurridos en la historia con la energía nuclear, y decida ignorar las alertas de decenas de organizaciones no gubernamentales en el mundo ante sus potenciales peligros, tiene o tendrá una deuda con el presente y futuro de un mundo que clama y merece condiciones de seguridad y equilibrio para todos.
Por lo pronto, ejerciendo mi derecho a opinar… ¿Nuclear?, no gracias.
Por Diego Díaz Martín, presidente de VITALIS
Twitter: @ddiazmartin
Email: ddiazmartin@vitalis.net