
*Cecilia Gómez Miliani, Dra. @cecigomezmi
En el año 2010 History Channel emitió un documental denominado La Tierra sin Humanos en el que, gracias al trabajo de la tecnología y a la asesoría de ingenieros, botánicos, ecologistas, biólogos, geólogos, climatólogos y arqueólogos, se narra lo que sucedería si la raza humana desapareciera de la faz de la Tierra.
Durante estos últimos meses, cuando la pandemia por el Covid-19 nos ha llevado a limitar nuestra movilización y permanecer dentro de nuestros hogares, los medios de comunicación y las redes sociales han reportado como los jabalíes pasean por las calles de España o de Italia, los delfines se acercan a los puertos de Cerdeña, los peces se apropian de los canales de Venecia y los ciervos llegan a los parques públicos de Japón. En este punto vale la pena preguntarnos: ¿Realmente le estamos dando un respiro a la naturaleza? ¿Podremos ver lo que en parte nos mostró el documental de 2010?
Según la Organización Mundial de la Salud, los primeros casos de coronavirus (Covid-19) fueron reportados en diciembre de 2019, y no es sino hasta marzo de 2020 cuando este mismo organismo caracteriza al brote de este nuevo virus como una pandemia, término que significa que ésta es una enfermedad epidémica que se extiende simultáneamente por varias partes del mundo. A medida que el virus fue ganando terreno, los países fueron decretando cuarentenas para su población, unas más estrictas que otras.
Desde que se reportaron los primeros casos hasta hoy, apenas han transcurrido 4 meses. Veamos algunos ejemplos que nos permiten revisar si este tiempo es suficiente para que el ambiente se recupere en forma natural:
Sumado a esto es importante señalar que aunque estamos “cautivos” en nuestros hogares, seguimos generando residuos sólidos, seguimos utilizando la electricidad que en muchos países proviene de plantas termoeléctricas, seguimos usando el agua y, por lo tanto, contaminándola… así que el descanso que le estamos dando a la Tierra es muy relativo.
La presencia de fauna silvestre en zonas urbanas tal vez puede deberse a que son especies cuyos espacios naturales hemos invadido y que, al no conseguir su sustento, lo buscan en nuestras calles y plazas, ahora desiertas. También cabe pensar que, tal vez, en nuestro cautiverio nos hemos vuelto más observadores, más atentos, y tenemos el tiempo para contemplar y escuchar las aves que siempre surcaron nuestro cielo pero que con nuestra vida agitada no habíamos percibido.
Ojalá que este tiempo sirva para entender la
dimensión exacta y comprender la gran responsabilidad de nuestra presencia en
este punto del Universo; que finalmente comprendamos que solo somos una pequeña
parte de este gran ecosistema que se llama Tierra.
*Ingeniero de los Recursos Naturales Renovables, con Maestría en
Gerencia Ambiental y Doctorado en Economía y Administración de Empresas.
Docente Jubilada de la Universidad Ezequiel Zamora-Venezuela. Directora del
Campus Virtual de Vitalis – cgomez@vitalis.net
Los mosquitos transmisores del Dengue son insectos con un ciclo de vida relativamente corto, que puede llegar hasta 30 días en promedio, en el caso de las hembras, y una semana en los machos.
A diferencia de otros parientes, el Aedes aegypti prefiere las aguas blancas donde se reproducen con una facilidad impresionante, y no en las aguas negras y contaminadas como mucha gente piensa.
Baldes, poncheras, platos de macetas, pipotes, floreros, aires acondicionados, neveras, ollas, tanques y demás artículos y equipos de uso cotidiano en nuestros hogares, son sus favoritos para multiplicarse. Allí la hembra deposita sus huevos que llegan a larvas en 48 horas, pasando a pupas en una semana, y finalmente convirtiéndose en adultos; su presencia se intensifica durante la temporada de las lluvias.
Su ámbito de acción es básicamente doméstico; desde un closet hasta debajo de la cama. De hecho, permanecen en un espacio que pocas veces excede los 100 metros de distancia de nuestros hogares, con lo cual garantizan la reproducción de las hembras, basada en su alimentación de sangre humana. Por su parte, los machos se nutren del néctar de algunas flores. Se encuentran en diversas altitudes, prefiriendo aquellas regiones por debajo de los 1.200 metros.
Las hembras contaminadas por el virus del dengue pueden picar a los seres humanos hasta un promedio de 15 a 30 veces durante su vida, independientemente del lugar de la casa donde se encuentren, pues poseen sofisticados sistemas para detectar la temperatura corporal humana y así asegurar su alimentación. Aunque independientes de la hora del día, prefieren atacar a sus víctimas en horas de la mañana y al final de la tarde. Su saliva sirve al mismo tiempo de anticoagulante y anestesia, con lo cual se facilita la picadura, y por ende, la transmisión del virus de la enfermedad.
La transmisión del virus del Dengue de mosquito a mosquito puede realizarse inclusive de una generación a otra, a través de los huevos. Es decir, una hembra infectada que se reproduce, invariablemente contaminará su descendencia.
Es importante hacer notar que el Dengue, no se transmite directamente de una persona a otra. Los enfermos suelen infectar a los mosquitos desde el día anterior hasta el final del período de fiebre que es, en promedio, de unos cinco días. El mosquito comienza a infectar de 8 a 12 días después de alimentarse con sangre, y así continua durante toda su vida.
¿Cómo evitar ser contagiado de Dengue?
Para VITALIS el único método disponible en la actualidad para prevenir la enfermedad es controlando la presencia del patas blancas en el ámbito familiar y comunitario, así que:
Medidas para mitigar la enfermedad
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, las medidas para mitigar la enfermedad comprenden:
Preventivas:
Curativas y de control:
Internacionalmente:
Resulta impostergable que los gobiernos regionales y locales, en coordinación con el ejecutivo nacional, amplíen sus estrategias educativas durante la temporada de sequía, de forma tal de prevenir las consecuencias y no sólo unir esfuerzos en la emergencia. Se requieren campañas de información y concienciación de la colectividad para evitar la presencia del mosquito, y así minimizar las posibilidades de contagio.
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